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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

martes, 4 de marzo de 2014

UNA SITUACIÓN PARADOJAL

Una situación paradojal.
Algo que tal vez tenga algún significado.
Diferente para quien lo mire y desde el lado que lo mire.
Sin tomar parte de ninguno voy a narrar los hechos y que cada uno saque su conclusión.
El día Domingo de carnaval, como es nuestra costumbre, mientras podemos, salimos a caminar por Buenos Aires.
Nos detuvimos a comer y beber algo en Galerías Pacífico, que como todos saben, es un lugar céntrico, turístico y visitado por cientos de personas de toda raza, religión o inclinación política.
Cuando terminamos de comer y antes de continuar con nuestra marcha decidimos ir al baño cosa que no nos pillara alguna urgencia posteriormente.


Estando yo allí, me doy cuenta que me he olvidado mi gorra. Algo de poca importancia salvo cuando el sol aprieta y hace falta cubrirse de alguna manera.
Esperé a que mi esposa saliera y la pregunta fue si ella se la había llevado.
Evidentemente no, lo que me hizo pensar que ya la había perdido definitivamente.
Sin embargo recurrí a los que se encargan de mantener el orden sobre las mesas y uno de los jóvenes me dice que sí, que alguien se la alcanzó y el la llevó a seguridad, que le pregunte a ellos.
Hablo con otro joven que portaba un intercomunicador, mediante el cual le preguntó al de la oficina central si allí estaba mi gorra. Le dijeron que sí, me indicaron como ir, y cuando llegué sobre el mostrador estaba esperándome, sin ningún otro inconveniente.
El día lunes decidimos cambiar de recorrido.
Estacionamos en el Abasto, y de allí salimos caminando por calle Corrientes, pero en dirección contraria, la intención era llegar hasta el Parque Centenario, del que después haremos un post porque merece un párrafo aparte, muy positivo por cierto
Caminando llegamos a la Iglesia Católica Jesús Sacramentado, bellísima, pequeña en apariencia, pero con unas obras de arte maravillosas. Entramos para conocerla por dentro y como corresponde nos descubrimos en señal de respeto.
Mi compañera tiene por costumbre enganchar su gorra en la correa de la riñonera.


Recorrimos la iglesia, habremos estado unos diez o quince minutos, en donde el movimiento de la gente fue muy, muy escaso. Dos o tres familias que entraron a conocer la Iglesia como nosotros, y una persona que se arrodilló en la primera fila y se puso a rezar.
Cuando salimos me doy cuenta de que no tiene la gorra.
Evidentemente se le ha caído y volvimos a buscarla.
Vano intento Había desaparecido.
La gorra carecía de importancia, lo que lo altera a uno es la circunstancia, porque evidentemente alguien la había encontrado antes, increíblemente en un tiempo que fue muy escaso. (Observen el video donde se puede ver que casi no hay gente en el interior del templo)
Mi esposa me explicó el camino recorrido y lo hizo con una voz levemente alta, que indudablemente molestó  a la señora que estaba rezando. Mi señora cuando se ofusca hay sonidos que no llega a captar y no siempre puede escuchar lo que se dice en voz muy baja. Volvió a hacer el comentario y la señora que evidentemente no estaba muy concentrada en su cometido nos llamó la atención.
Sinceramente me sacó de las casillas y le dije que no siguiera insistiendo porque allí eran ladrones, cosa que ofendió mortalmente a la señora que inmediatamente se dirigió a la sacristía.
Yo fui con ella, y frente a alguien con más capacidad conciliatoria, alejó a la mujer, y nos pidió que diéramos nuestra versión.
La maravilla de la semántica transformó la desaparición de nuestra propiedad de un robo en una pérdida. La culpa era nuestra por haberla perdido.
Seguir con una discusión que nos iba a conducir más que a una pérdida de tiempo no tenía sentido. Pedí disculpas por mi arrebato. A pesar de que sigo pensando que cuando alguien se lleva algo que no le pertenece no deja de ser un robo.
Lo interesante es que en ambos lugares tienen cartelitos que avisan “cuide sus pertenecías”, con lo que deslindan su responsabilidad.
En realidad las instituciones no tienen otra alternativa.
Lo paradójico del asunto es que en un lugar, poblado de gente, de topo tipo de filosofías, alguien encontró algo que no era suyo y lo llevó al sitio donde el damnificado podía recurrir, el único lugar lógico donde dejar lo que se encuentra.
En un templo donde lo que se propone es algo muy diferente, es cierto, que no están cerradas las puertas a nadie y quienes lo transitan pueden no ser de esa religión. Pero aquellos que aparentemente la profesan olvidaron algunas premisa que tendrían que tener grabadas a fuego en su entendimiento.
La señora que nos retó por el tono de la voz, nos había visto sacar fotos y filmar en un silencio absoluto. Cuando nos vio alterados no se acercó a preguntar que nos ocurría, y cuando con su actitud agresiva nos reprendió y recibió una respuesta que no le gustó, no puso la otra mejilla. Fue inmediatamente a quejarse.
No hubo una actitud de preocupación por lo que nos había ocurrido, peor aún fuimos culpables por descuidados. Lo único importante fue volver la  santa tranquilidad que nos ofrece el templo.

No soy creyente, tampoco soy ateo. Mi inteligencia no alcanza para definir lo uno de lo otro y por lo tanto no me preocupa saber cuál es la verdad.
Me muevo con los hechos cotidianos y concretos. Somos seres humanos, debemos protegernos el uno a los otros, de la mejor manera posible, cualquiera sea su color de piel, político, religioso, social, sexual y hasta deportivo.
Pero si lo fuera, si realmente creyera en que hay un dios y que las distintas interpretaciones de las iglesias nos llevan a enfrentarnos y discutir por la posesión de la razón. ¿Esta situación no sería un signo, una llamarada dentro de la oscura mente humana, para forzarnos a la reflexión?
Una gorra, una simple gorra. Dos situaciones paralelas y diferentes.






¿Será un mensaje?

6 comentarios:

  1. ¿Caridad cristiana frente al actuar en empatia con el otro?

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  2. Bueno justo le van a pedir peras al olmo.......Yo tengo mil anécdotas con Agus cuando empezó a ir a catequesis.....francamente enloquecí. Las nenas no querían faltar a las clases porque les tenían miedo a las catequistas y a cometer pecados por cuanta cosa se les ocurriera.........Me dieron la idea de contárselos en un post cariños y bueno tienen la oportunidad de comprar gorra nueva y siempre más linda !

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  3. Gracias por tu buena onda Anita. Todo lo demás lo conocemos muy bien. A algunos no les va a gustar, pero yo conozco el ambiente, porque me crié entrando por la puerta de atrás (Algún día voy a hacer un post, pero va a ser ara lío)

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  4. cachis... y yo pensaba que también la encontrarías a la salida colgada de la puerta de entrada... no me gustan los amigos de lo ajeno, aquellos seres cuyas manos ligeras zozobrean misteriosos lares.. siento lo de la gorra, que seguro ha viajado a lugares insospechados.. busquemos el lado positivo, y pensemos que la gorra viajera paseara hasta que un dia encuentre a su dueño.. nunca se sabe, todas son distintas y siempre existe la posibilidad de verla en cabeza ajena, el mundo es un pañuelo tan pequeño, que siempre nos depara muchas sorpresas. be happy a los dos...

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  5. te diria yo lo que pienso de esa señora que os levanto la voz pero no quiero sacar a la niña del exorcista que llevo dentro. yo opino como vosotros. y a esa señora si por casualidad estuviese leyendo esto se puede usted ir a donde dios perdió las zapatillas! y no les grite usted mas a mis amigos familia

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  6. Estudié en un colegio de curas, así que qué me vas a contar... ;)

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