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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

jueves, 9 de octubre de 2014

TORMENTA

Los truenos resonaban en la lejanía. El cielo se había ido oscureciendo y un manto gris parecía cubrir los álamos que se movían al compás de un viento arrachado que soplaba del oeste.
Las nubes, que en un comienzo viajaban presurosas hacia otros horizontes, se fueron acurrucando, las unas contra las otras, como gigantescos pompones de algodón, pero un algodón que pasaba rápidamente del blanco brillante al gris opaco de los mármoles, fríos y solemnes, lúgubres y tristes.
Un haz de luz filtraba obstinado como una espada atravesando la muralla vaporea, pero el ojo celeste, persistente, se fue cerrando y el acero brillante se fue opacando hasta desaparecer cubierto por un manto, primero, rosado y luego tan gris como el resto del firmamento.
Una bandada de aves surcó el espacio poblando el silencio con sus graznidos. Se convirtieron en puntos pequeños, dieron un giro y se perdieron buscando un pronto refugio.
Un olor a tierra mojada llegó traída por la brisa. Era evidente que no muy lejos de allí la tormenta había comenzado su danza.
Una línea fosfórea quebró el horizonte y la voz potente, el rudo sonido de rocas entrechocando, anunció tonante que el espectáculo iniciaba.
Se abrió el telón en cortinas de gotas pesadas, que golpearon con fuerza contra la tierra sedienta, para luego hacerse más densas hasta desdibujar el paisaje, como en un sueño.
El viento empujó el agua contra el vidrio de mi estudio y el mundo se esfumó, por un instante, convertido en columnas que se descorrían graciosas hasta formar pequeños charcos sobre el alfeizar.
Sentado frente a mi computadora tuve el impulso de describir ese instante igual pero distinto, único, irrepetible.
Escribí “los truenos resonaban en la lejan...” y no continué.
Simplemente me quedé mirando la maravilla de la naturaleza desbocada, danzando sin freno.
Con el dorso de la mano limpié el cristal empañado y en la distancia alcancé a descubrir un arcoíris que se estiraba entre las nubes.

Apagué la computadora (otra vez será) y me dediqué a disfrutar del espectáculo.  


2 comentarios:

  1. Muy poética descripción que nos lleva a vovir la pasión de las fuerzas de la naturaleza. Muy lindo podee detenerse a verla, lástima tener que salir a trabajer...

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  2. Ay, liante, que me temo que andas haciéndonos trampas diciendo que no escribes lo que escribes, y que te deleitas con lo que no escribes que escribes, o lo que escribes que también deleita ;)

    PD. Adoro las tormentas, siempre y cuando no tenga que salir a la calle, las pueda disfrutar tras un cristal y con la música de las variaciones Goldberg de Bach de fondo.

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