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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

domingo, 7 de diciembre de 2014

UNA Y OTRA VEZ

Caminó lentamente esquivando distraídamente las sombras que se estiraban sobre la acera.
Llego hasta la esquina donde se habían visto por primera vez y se detuvo cerrando los ojos.
Algo parecido a la angustia lo rodeaba como un fantasma. ¿Un recuerdo? ¿Un sueño perdido?
Sacudió su cabeza como queriendo quitárselo de encima.
Hizo señas y un taxi se detuvo.
Le indicó la dirección y se dejó caer en el asiento como si algo le pesara cabalgando sobre sus hombros.
Cuando llego se dirigió sin dudar hacia el ascensor.
A medida que subía los puentes del Sena se iban empequeñeciendo. Sonrió. Quizás era justamente un signo.
Llegó al segundo tramo y salió para dirigirse hacia la baranda desde donde contempló los perfiles de Paris, ese París donde, antes de su partida, repitió casi con desesperación “nos veremos”.
Lo repitió una y otra vez, pero sabía que era nunca más.
Se quedó mirando sin ver hasta que llegó el atardecer.
Comenzó a sentir frio, un viento suave había comenzado a soplar.
Simplemente dejó la flor que había traído en un costado y tomó el ascensor que lo llevó hasta la base.
Las luces comenzaban a encenderse.
Su sombra se prolongó y luego se fue diluyendo hasta desaparecer.


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