Google+ Followers

EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

martes, 12 de mayo de 2015

A pesar de todo, y de todos, los símbolos argentinos siguen siéndolo y nos identifican. Los que amamos a nuestro país los llevamos muy junto a nuestro corazón. Los avatares sociales, políticos, sectoriales, han ido tratando de borrarlos de nuestro recuerdo, pero para aquellos, que hemos abrevado en la historia, en la gloriosa historia de los prohombres que intentaron la patria, los símbolos nos representan, nos reemplazan, se mimetizan con nosotros y se transforman en cada uno, para ir más allá de los tiempos y los hombres.
Hace algún tiempo, cuando mi hijo era pequeño, casi como al descuido, en su colegio, se recordó el día del Himno Nacional. El profesor de música contó una pequeña historia que guardé junto a mi corazón, como esa joyitas que tienen más que el valor de la joya misma, el enorme valor del sentimeinto. Hoy quiero compartirla con ustedes:
El político y poeta Vicente López y Planes, imbuido de su fervor patriótico, escribió un poema ardiente, apasionado, agresivo, pero que dejaba bien a las claras el sentimiento de los hombres que estaban luchando por hacer un nuevo país. El músico español Blas Parera, le puso la música transformándolo en un himno solemne, que enardecía los espíritus. Una mujer, una increíble y valiente mujer, que fue capaz de desafiar a la sociedad porteña, que se adelantó en un siglo o más a las ideas progresistas, Mariquita Sánchez de Tompson, en su casa, de Florida 271, realizó la tertulia en la que habría de cantarse por primera vez. (Les dejo una canción del increíble Felix Luna, con música de Ariel Ramírez y la inigualable voz de Mercedes Sosa, que narra ese momento contado por una mulata que mira desde una ventana a los señores reunidos en torno a un piano)
Posteriormente ese himno fue adoptado por el entonces gobierno nacional. La Asamblea General Constituyente, lo proclamó el 11 de Mayo de 1813, como “Marcha patriótica”.
Vicente López siguió su camino en la política y Blas Parera, tiempo después, volvió, junto con su familia, a España, en donde se pierden sus rastros.
Pero aquí viene lo interesante. Durante el gobierno de la provincia de Buenos Aires (Indirectamente de todo el país) de Juan Manuel de Rosas (1930/1952), este himno o Marcha Patriótica, fue dejada totalmente en el olvido. La idea de Rosas era que aún no estábamos en condiciones de conformar un país y por lo tanto no era conveniente tener símbolos o nada que nos identificara como tales. Sospechosamente el archivo, donde se guardaba el original, sufrió un incendio y todo recuerdo de él se perdió definitivamente.
Cuando Rosas es derrotado y se comienza a tratar de reconstituir el sueño original. Se dicta una Constitución y también se recuperan los símbolos nacionales. Reaparece la bandera celeste y blanca con el sol en el centro, la escarapela también celeste y blanca, el escudo nacional enmarcado por ramas de laureles, un gorro frigio y un sol naciente, pero el himno ha desaparecido. No quedan rastros de su música, la letra puede llegar a encontrarse algún manuscrito guardado, pero la partitura murió con el incendio.
Se recurre, entonces, al músico que en ese momento estaba en la cresta de la ola: Pedro Esnaola. Este hombre entiende la importancia del encargo y comienza un trabajo de reconstrucción e investigación que lo lleva a rearmar la partitura de la Marcha Patriótica que pasa a llamarse Himno Nacional.
Es, de esta manera, que lo que hoy reconocemos como Himno Nacional Argentino, es la versión de Pedro Esnaola, sin tener la certeza de cuánto hay de aquel que, el 11 de Junio, se declaró como nuestra canción representativa.
Posteriormente, por una cuestión de buenas relaciones internacionales, durante el gobierno del Presidente Roca, en 1890, se decide que oficialmente se habrán de cantar solo las dos cuartetas y el estribillo en los actos oficiales así como en las fiestas colegiales.
Si uno busca en Wikipedia puede leer una versión diferente a esta. Lo mismo ocurre si se investigan otros autores. Esta es una historia que yo recogí, sorprendido y emocionado, en un acto recordatorio del día del Himno, relatado por un profesor de música, para un grupo de chicos que no creo llegaran a entender mucho su significado y para mí, que era el único padre que se había quedado a presenciar el acto.
Hoy ya no solo no se canta el himno, o se lo hace muy pocas veces, sino que se corea la introducción colocando una mano en el pecho, imitando el gesto de los Estados Unidos. Lo hace hasta nuestra presidente, sin tener en cuenta que el protocolo indica que nuestra canción patria, que nuestro símbolo musical, debe cantarse en actitud decorosa y con los brazos a ambos lados del cuerpo en señal de respeto.

En fin, debe ser que la vida cambia y esto no es más que cosas de viejo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario