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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

viernes, 27 de septiembre de 2013

DISQUISICIONES DE UN SEXAGENARIO III

DISQUISICIONES DE UN SEXAGENARIO III
Alberto Colonna
Febrero, 2011


Estoy próximo a cumplir los 62 y me han ocurrido cosas, situaciones, que me han golpeado. No por lo que ellas en si significan sino por la sorpresa de no esperar que las mismas ocurrieran.
Por una cuestión político económica todas las personas se jubilan a los 65 años. ¿Por que? Porque no se puede establecer cuando el ser humano comienza a flaquear en puntos vitales para la sociedad y es necesario que “entregue la posta”.
La vida es una escalera, cada año es un peldaño que vamos subiendo hasta el final de la misma, no importa cuando, es lo menos importante… pero ya les hablaré de eso.
No es lo mismo a los 62 que a los 61. Se supone que en el transcurrir del año he aprendido, he incorporado nuevos conocimientos y experiencias, así como también he sumado limitaciones, mínimas, pequeñas, imperceptibles, pero reales.
Uno es conciente que no conduce como lo hacía hace 30 años atrás, que no retiene las cosas con la facilidad con que lo hacía, que se cansa mucho más, que se ha vuelto más sensible y lo golpean mucho más cosas que hace un tiempo atrás le resbalaban. También es conciente que está más pausado, no se arrebata ni se equivoca con la facilidad con que lo hacía, disfruta más de las cosas que hace, la experiencia sumada le permite enfrentar desafíos que hoy le resultan simples y antes eran todo un mundo.
Claro, las fechas son relativas. Pero pongámosno de acuerdo en que los sesenta es una edad en la cual uno ya llega cansado de trabajar, harto de soportar las mismas preguntas absurdas, los mismos conflictos que debieran ser conocidos y para algunos se les presentan como grandes novedades. Es una edad en la que, si ha hecho bien las cosas o  ha tenido suerte, todavía está entero para disfrutar de los otros placeres, de otros caminos que posiblemente durante su tiempo activo no pudo recorrer.
Nos están sobrando cinco que son las reglas del juego. Pero punto. Cinco más y nada más. Lo que nos queda es un camino corto y hay mucho por recorrer.
Por otra parte, siempre lo digo: “Cuando uno “chochea” no se da cuenta”. ¿A que vamos a esperar? ¿A que nos descarten por inservible o peligroso? Porque eso es lo peor. La persistencia en la continuidad de la vida que no nos corresponde comienza a ser peligrosa para el resto de los que nos rodean. La edad nos debe dar esa cuota de responsabilidad. “El necio nunca aprende, el inteligente aprende de sus errores, el sabio aprende de los errores de los demás”, dice el viejo adagio.
El problema surge cuando alguien es tan poco capaz que ha aprendido una sola cosa. Solo sabe moverse en un espacio y si se lo quitan se desespera. Los estadounidenses, que son muy prácticos, (es cierto viven otra realidad socioeconómica lo que lo hace más fácil) dicen que unos cuantos años antes hay que ir preparando el retiro. Lenta, pero progresivamente hay que ir delegando actividades y esos espacios irlos cubriendo con otras ocupaciones, de tal forma que cuando llegue el tiempo del retiro, de alguna manera uno ya esté en otra cosa y no note la diferencia.
Estos 62 años me han enseñado que no existe nada mejor ni peor. Cada uno tiene un gusto diferente, una manera de vivir distinta, una forma de aprovechar el tiempo personal. Lo que le gusta a cada uno es lo mejor. Y lo que no le gusta no sirve.
Hay reglas, que los años han enseñado. Reglas de salud. Alterarlas forma parte, justamente de esa incapacidad de crecer, de transcurrir la vida absurdamente. Nada asegura nada, pero se supone, que dan más posibilidades.
¿Posibilidades de alargar la vida? En lo personal no me interesa. La vida no es un don. Es un castigo por el tremendo acto de egoísmo que llevamos a cabo los padres lanzando a alguien a un mundo que no le ofrece ninguna garantía.
La vida es un don preciado. Mentira.
La vida es algo que no he llegado a entender, por lo menos hasta el tiempo que llevo vivido, y me da la sensación que cuando la película se acabe va a ser como esos films que dejan el final abierto. Te quedás con las ganas de saber que pasa.
Pero honestamente no me interesa.
Ya estuve cerca de la muerte y me dio lo mismo.
Allí aprendí que no me queda otra que vivir y es bastante estúpido hacerlo mal.
Cada día a enfrentar hay que tratar de disfrutarlo.
Bueno sería que todos lo entendieran. Porque muchas veces el entorno es quien no te lo permite.
Hay una frase, que no sé a quien pertenece pero me gusta, que dice: “La vida es simple, es el hombre quien la complica”.
No creo que haya que ser un lama para disfrutar la vida, aunque hay que aprender a pensar lo más parecido posible. Tengo lo que tengo. Soy lo que soy. Haré lo que pueda y hasta donde pueda (física y temporalmente).
En algún momento me van a quedar muchísimas cosas por hacer, cantidad de sueños por cumplir. ¿Por qué desesperarme por uno de los tantos que hoy no puedo alcanzar? Hay otros, más simples, más realizables.
En una película que vi, no hace mucho tiempo, el protagonista planteaba que los ignorantes eran mucho más felices, lo que el interlocutor más viejo aceptó pero le dijo: “prefiero el padecimiento del conocimiento a la felicidad de la ignorancia”.
La sabiduría no pasa por saber mucho, sino en llegar a comprender que siempre es poco. El saber del mundo es tan grande (e inestable) que es imposible llegar a abarcarlo completamente. La humildad es un signo de que se ha comprendido lo pequeño que somos.
El recordar muchas cosas no es más que la demostración de una buena memoria. Hay organismos que tienen esa facilidad. Sin embargo es posible que sea mucho más inteligente aquel que razona lo poco que recuerda, recurre a las informaciones y aplica su experiencia, que aquel que utiliza palabras, citas, nombres, grandilocuentes pero continúa cometiendo los mismos errores una y otra vez, convencido de que es un superdotado.
He recorrido un largo camino. He aprendido a respetar y querer a todos. No tengo rencores. No sé tenerlos. No tengo grandes ambiciones. Lo único que pretendo es vivir en paz y feliz. ¡Poca cosa!
Hay muchos temas que quisiera tocar. Entre las limitaciones de la edad está la desconcentración. Ahora se me escapan. Tal vez escriba una cuarta versión (La segunda nunca la envié). Veremos. En este momento no sé por qué me viene a la memoria un poema que tengo guardado de Miguel Hernández, que dice:

QUISE SER… ¿PARA QUÉ?... QUISE LLEGAR GOZOSO
AL CENTRO DE LA ESFERA DE TODO LO QUE EXISTE.
QUISE LLEVAR LA RISA COMO LO MÁS HERMOSO.
HE MUERTO SONRIENDO SERENAMENTE TRISTE.


Nota: A esta altura de mi vida he llegado a los 64 y me quedan meses apenas para la jubilación. Nada ha cambiado. Sigo pensando lo mismo, por lo que publicarlo ahora tiene el mismo valor que hace dos añitos atrás.