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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

martes, 10 de diciembre de 2013

UNA VIEJA HISTORIA

Voy a contaros un historia que alguna vez vi en televisión y nunca más la he podido encontrar. Una bella historia sobre Papá Noel y la Navidad.
Pero antes les voy a presentar nuestro árbol de Navidad.




Ahora si, la historia
Cuentan que en un bosque del norte alguien dejó abandonado a un niño. El pequeñin estaba a punto de morir de frío cuando fue hallado por dos diosas del Olimpo que decidieron llevarlo con ellas. Al principio Zeus se opuso pero luego se encariño con el bebé y le permitió quedarse. 
Así fue que Noel, que así se llamaba, creció y fue aprendiendo de cada uno de los dioses sus virtudes y capacidades.
Cuando cumplió los 18 años uno de los dioses, por orden de Zeus, lo llevó a conocer a sus semejantes "Hijo" le dijo "Tu origen es el mundo de los humanos y debes verlos, entenderlos y luego decidir donde quieres continuar con tu vida"
Cuando el joven conoció a los de su raza, pudo ver que a muchos les faltaba hasta lo más mínimo. Pensó en su infancia rodeada de lujos y favores y se comparó con los niños que crecían entre la nieve y el frío. Y decidió que debía compartir con ellos, ayudándolos en todo lo que pudiera.
Con tristeza para sus madres adoptivas y el resto de los dioses, se instaló en un pueblito, tal vez el más pobre, y allí comenzó a hacer su trabajo en pro de sus semejantes.
No muy lejos de allí había un orfanato. Un sitio donde muchos chicos que, como el, habían sido abandonados.
Pensó qué podía hacer por ellos y se le ocurrió que el día de Navidad (Una mezcla extraña de dioses mitológicos y dioses actuales, pero no olvidemos que es un cuento, y que en un cuento pueden ocurrir cosas maravillosas) era un buen momento para regalarle a cada uno un juguete, algo que alegrara sus vidas. Al fin y al cabo ese día se festejaba un cumpleaños.
Trabajó noche y día hasta que tuvo la suficiente cantidad de regalos para todos.
Tenia un solo problema, para llegar al orfanato tenía que atravesar por unos terrenos que pertenecían al hombre más malo del condado, quien ya le había anunciado que no lo iba a dejar pasar
Fue así que armó su trineo, lo cargó y fue sigilosamente hasta unos arbustos desde donde podía vigilar que hacía el mal vecino.
Debió esperar mucho tiempo hasta que este cansado de hacer guardia para impedirle el paso se fue a dormir.
Rápidamente Noel dirigió sus renos hacia donde estaban los niños, pero cuando llego, oh, desilusión, ya estaba todo cerrado. No había nadie para recibir los juguetes.
No se dio por vencido y estudió el terreno y se dio cuenta que podía entrar por la chimenea. 
Se deslizó hábilmente y cuando llegó al interior vio que colgadas en la boca de la chimenea estaban las medias de los niños. Con la nieve era una costumbre el poner a secar las medias de esa manera. Si ponía un juguete en cada par todos tendrían el suyo.
Así lo hizo y saliendo nuevamente por la chimenea volvió contento a su casa, pequeña, alegre y protegida por un enorme pino.
Fue tan grande el éxito, tanta la alegría de los chicos, tanto el misterio que se creo alrededor de la aparición de los juguetes que decidió repetir el juego todos los años.
Así fue como Noél, a quien los niños comenzaron a llamarlo papá, se transformó en el personaje que llegaba la noche de Navidad y entrando por la chimenea repartía juguetes para todos.
Pasó el tiempo y como todos Papá Noel se fue poniendo viejito.
Sintió que su fin estaba próximo y cansado como estaba se sentó debajo del pino a mirar las estrellas.
Suspiró profundamente el frío aire del norte, y con una hermosa sonrisa, feliz por el trabajo cumplido cerró los ojos y se entregó dulcemente.
Las diosas que no habían dejado de vigilarlo, como haría cualquier madre, corrieron a contarle a Zeus lo que había ocurrido. Y fue entonces que el dios decidió que papá Noel no debía morir.
Llegó donde yacía el anciano. El pino reverdeció de pronto, se iluminó y se llenó de estrellas de colores y con un simple gesto de Zeus, el pequeño Noel fue transformado en un semidios, inmortal, para que pudiera seguir haciendo su trabajo.
Pero además tenía la capacidad de vuelo de Eolo, la velocidad de Mercurio y muchos otros atributos más.
El árbol pasó a ser el símbolo, o la representación, del anciano barbado, que ahora recorría las casas de todos los niños del mundo, a una velocidad fantástica, en su trineo tirado por renos voladores, entrando en todos los hogares por la chimenea y riendo de felicidad.
Ho, ho ho.