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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

jueves, 17 de abril de 2014

NUESTRO VIAJE A CATAMARCA

Viajar es huir de la cotidianidad para sumergirse en un mundo mágico de nuevas experiencias, lugares que nos deslumbran o sitios que aun por conocidos nos crean la intriga de lo impredecible.
Conocer un lugar, si bien no es imposible, requiere no solo varias visitas sino, muchas veces, convivir, estar, aprender y, posiblemente en ese momento, puedas pensar que lo conoces.
Nuestra intención concretamente fue otra. En nuestro caso lo que siempre pretendimos fue colocar nuestro pie sobre cada una de las provincias que componen nuestro vasto suelo argentino. Ver en cada lugar aquello que por repetido se fue transformando en parte de nuestra vida. Como suelo decir, parte de la familia.

Catamarca es muy rica en paisajes e historia y era evidente que no podíamos recorrerla como lo merece. Fue así que decidimos solamente tocar dos puntos que son el signo inconfundible del suelo catamarqueño: El santuario de Nuestra Señora del Valle y la Cuesta del Portezuelo.




Ver el santuario, más allá de las creencias personales, porque es un sitio de peregrinación anual, de veneración no solo del pueblo catamarqueño sino de muchísimos compatriotas. Es como visitar el Muro de los Lamentos, el Santuario de Virgen de Lourdes o el Vaticano mismo.
La cuesta del portezuelo porque desde chicos hemos venido cantando:
“Desde la cuesta del Portezuelo,
Mirando abajo, parece un sueño.
Un pueblito aquí, otro más allá
Y un camino largo que baja y se pierde”
Y yendo un poquito más allá, y perdonen que me vuelva nostalgioso, cuando don Atahualpa Yupanqui cantaba:
“Al pasar por la cuesta del Portezuelo
Salían a mirarme sus ojos negros.
Nunca le dije nada… pero que lindo,
 Y de feliz le daba mi copla al viento”
Así que allá fuimos.
Salimos tempranito de La Rioja Capital y por una muy buena ruta nos encaminamos hacia la ansiada Catamarca. Y aquí comienza lo imprevisible, como decía en el inicio. Nos encontramos con una columna de autos detenidos en el camino. ¿Qué ocurría? Simplemente ¡Un piquete! Media hora detenidos esperando que nos dejaran pasar. Finalmente pudimos continuar nuestro camino y enderezamos para la bendita Catamarca. Habríamos recorrido unos cien kilómetros y de pronto nos encontramos con otra serie de autos detenidos. ¿Y ahora qué? Pues nada más y nada menos que otro piquete. Honestamente es algo lindante con el absurdo. En Buenos Aires se la pasan haciendo piquetes, cerrando calles, manifestando sus protestas por cualquier motivo. Uno está acostumbrado a ello, es la Capital, están las autoridades, tienen difusión… pero en medio de la nada, donde el paisaje árido se entremezcla con las montañas y los ríos secos y pedregosos, donde solo existe la nada, nos vuelven a conectar con una realidad diaria que hemos pretendido dejar atrás. Sinceramente es gracioso, y lo tomamos como tal. Una anécdota más en un viaje azaroso.


Llegamos a Catamarca, ciudad capital de la provincia, rondando el mediodía. Debíamos calcular que el viaje de regreso sería por la misma ruta, con los mismos inconvenientes.
El horario era especial, justo la salida de los colegios que, aparentemente, es igual en todos los lugares, por lo menos de nuestro país. Parecía que alguien había pisado un hormiguero. Nada que ver con la tranquilidad riojana. Aquí la gente se movía nerviosa, apretada, tan estresada como el Buenos Aires que habíamos dejado atrás. Nos sorprendimos.
Buscamos un playa de estacionamiento y encontramos dos que informaban: “Abierto 24 hs”. Genial. Mi mujer, más desconfiada que yo me dice: “Preguntá para asegurarte”. Tenía razón. “Si señor, 24 hs abierto, ahora cerramos a las 12:30 y reabrimos a las 17,00” nos respondió el playero con una sonrisa. ¡Uh!. Veinticuatro horas abierto pero la siesta es sagrada y no se cuenta. Otra anécdota insólita de nuestro recorrido. La idea era dejar el auto una hora aproximadamente para ver la Virgen del Valle, que está en la Catedral, y luego irnos rápidamente a conocer la Cuesta. Pero si nos quedaba el vehículo secuestrado hasta las 5 de la tarde estábamos perdidos. Decidimos buscar un estacionamiento en la calle, a unas cuantas cuadras del sitio que queríamos visitar.
Caminamos apurando el paso, entremezclándonos con la infinidad de gente que se movía nerviosamente, recogiendo a sus hijos de los respectivos colegios, con un estrés que no se condice con el tiempo que posteriormente se toman para descansar (¿?) hasta entrada la tarde.
Yo me detuve a tomar fotos del edificio de la Catedral. Un bellísimo representante de la arquitectura colonial de toda la zona. Mirta corrió hacia el interior antes que el cura también se fuera a dormir la siesta y nos dejaran afuera.
Por suerte eso no pasó. Como debe ser, la Iglesia, no cerraba sus puertas, y dispusimos con toda tranquilidad para ver y maravillarnos con ese recinto.
La Virgen estaba dada vuelta. Evidentemente había que entrar al camarín para poder ver la imagen tan venerada por gente de todo el país.
Mirta se encargó de encontrar el camino. Lo interesante fue que llegamos cuando el Obispo estaba realizando un bautismo. Todo el mundo sacaba fotos así que no tuvimos ningún inconveniente para tomar todo tipo de imágenes.


Luego volvimos hacia nuestro auto. Como mi esposa tenía una cierta aprehensión a encarar la cuesta del Portezuelo, decidimos preguntarle a un taximetrero cuanto nos cobraba por llevarnos. Nos miró con cara de decir “de que me están hablando” y se excusó diciendo que no tenía la planilla como para sacar la cuenta. Nos dirigimos a otro y obtuvimos el mismo resultado, consecuencia fuimos en nuestro vehículo.
Resulto más simple de lo que pensábamos. Una cuesta bastante empinada con un camino serpenteante, curvas cerradas hasta llegar a los miradores que dejaban ver toda la ciudad de Catamarca y toda la serranía que la rodea. En el segundo mirador hay un recuerdo hacia los creadores de la canción que hizo famosa a esta cuesta.

Y esto es lo interesante, la imaginación increíble de sus compositores, les hizo inventar una cuesta que no existe. No hay un pueblito por ningún lugar, no existe el camino largo que baja y se pierde, honestamente una total frustración.
Contentos por haber cumplido con nuestras metas y con la desilusión de comprobar que la creatividad a veces nos hace imaginar las cosas de una manera diferente a lo que son realmente.
Volvimos a topar con los piquetes, volvimos a esperar el tiempo necesario y volvimos a la Rioja, dispuestos a continuar con la aventura de recorrer un camino que nos habíamos prometido allá lejos y hace tiempo.
“¿Qué miraran sus ojos en estos tiempos?
Mi corazón paisano quedó con ellos.
Nunca le dije nada, pero que lindo,

Solo tengo la copla pa mi consuelo”


1 comentario:

  1. Toda una experiencia, hermosamente compartida. Encontrar otras costumbres, convivir con ellas, explorar espacios nuevos una maravillosa manera de estar vivo.
    Muy buenas las acotaciones al viajero.

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