Google+ Followers

EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

lunes, 3 de noviembre de 2014

CUANDO LA MUJER NO ES UN SER HUMANO

La mujer siempre ha luchado por sus derechos. Intereses de todo tipo, incluso de ellas mismas, hicieron que ocupara un lugar secundario en el reconocimiento de la sociedad.
Es en el siglo pasado que la lucha por ocupar un lugar como ser humano inteligente comienza a tomar forma, pero en la segunda mitad de ese increíble siglo XX, se inicia la gran revolución.
Las guerras que obligaron a las mujeres a tomar las riendas de su hogar y comprobaron que podían y la capacidad visionaria de muchos personajes (Mary Quant, Courrege, etc) hicieron que las jóvenes de entonces comenzaran a desafiar los convencionalismos y iniciaran un tiempo sin retorno.
Has recorrido un largo camino muchacha, rezaba el slogan de un cigarrillo, que más allá de que no estoy de acuerdo con los fumadores, definía muy claramente la lucha de todas, creciendo, madurando, aprendiendo a ser.
Recuerdo a una joven rebelde con la que discutía hasta donde debía llegar su pollera, y más allá de mis protestas la falda seguía subiendo totalmente desafiante. Tengo una foto de mi compañera de toda la vida, tomando agua de un grifo de plaza, con la cartera colgando hacia atrás para que no se le viera más de lo conveniente.
Recuerdo cuando caminábamos por algunos pueblos del interior y se daban vuelta o le decían cosas por utilizar un top, con los hombros y la cintura descubierta.

Me rio cuando se me presenta la imagen del grupo de chicas en minishort, los maxitapados que se abrían y dejaban asombrado al ascensorista del hospital, que no comprendía a dónde íbamos a parar si esas eran las futuras médicas.
Quedó para la anécdota cuando un profesor de Medicina Legal, absolutamente retrógrado como suelen ser los que se dedican a esta especialidad, hablaba enfáticamente de exhibicionismo, y mi mujer (entonces novia) trataba de disimular la mini que traía puesta tapándose con los libros.
Esa generación tozuda pero sana, fue la que abrió el camino para que todas las mujeres de hoy tengan la libertad y puedan expresarse sin problemas.
Aún quedan rezagos, aún quedan cosas por qué luchar, pero el camino fue abierto por aquellas personas que tenían algo en común. Eran inteligentes. Priorizaban la cultura y la educación por sobre cualquier convencionalismo y con esas armas pudieron enfrentarse a una sociedad pacata que las relegaba.
Hace un tiempo atrás tuvimos que vivir una situación que nos dolió, porque todos los que hemos luchado por los derechos de la mujer como ser humano, no como contrapartida del hombre sino como un igual, asistimos a una demostración de barbarie e ignorancia que echa por tierra todo aquello por lo que hemos venido luchando.
Voy a dejar en claro mi posición. Como médico no puedo más que estar a favor del aborto, un aborto científico, planificado y regulado con todos los medios que la ciencia nos brinda. El derecho de los padres a decidir, y en algunos casos de la mujer, su destino y el de su descendencia es algo que le compete solo a los que deben optar sobre su vida y todos los que opinan sin tener relación directa con el problema no entendieron  lo que dice el viejo dicho: “Los de afuera son de palo”.
He visto morir a muchas jóvenes que se sometieron a técnicas o tratamientos abortivos, ya que su decisión estaba tomada y lo iban a intentar de cualquier manera, totalmente peligrosos que terminaron con su vida y la de su posible descendencia.
Pues bien, mi esposa y yo asistimos a una manifestación de un grupo de mujeres proabortistas que habían decidido marchar hacia la Catedral para expresar su descontento y su oposición a las ideas absurdas que enarbolan los religiosos.
Hasta ahí estamos de acuerdo y apoyo su manifestación y hasta el sitio elegido.
Pero de pronto vemos una cantidad de individuos, de niñas-mujeres con las caras tapadas, cubiertos sus rostros con pañuelos como vulgares delincuentes. Y allí donde uno se pregunta ¿Qué es lo que están haciendo mal que se cubren el rostro? Sus demandas son correctas. Es más me han enviado un informe que demuestra científicamente que en el tiempo oportuno el aborto es legal y sin embargo actúan como si estuvieran haciendo algo mal. ¿Los cánticos? Creo que son palabras y las palabras así dichas, en una manifestación y como cantito son totalmente esperables. ¿Entonces qué?
Hasta que descubrimos donde está lo malo. Con aerosol han pintado los escalones de mármol y las columnas que hace muy poco tiempo fueron remozadas, pintadas, con el erario de todos los habitantes de la ciudad.

Pueden estas personas ser tan poco inteligentes, tan energúmenas que no se dan cuenta que sus derechos terminan donde comienzan los de los demás. Que agredir un bien público, y digámoslo como corresponde. La Catedral no es solo de la iglesia católica, es patrimonio histórico que nos pertenece a todos los argentinos, es el recinto donde descansan los restos del General San Martín, alguien mucho más grande que todas ellas juntas, y, como dije, agredir un bien público es un delito que debe ser castigado. No es represión. Es salvaguarda de nuestra sociedad. No se puede destruir un bien ajeno simplemente porque no estoy de acuerdo con sus ideas. Esto da pie a la contrapartida. De igual forma se puede proceder con ellas si se piensa lo contrario.
Y eso no está bien. Es cierto que son chicas, me refiero a pequeñas de edad y de mente, y no tienen idea de lo que es la democracia. Es cierto que no vivieron los tiempos duros de las dictaduras y como consecuencia no pueden entender cómo funciona el sistema. Es cierto que son niñitas malcriadas que creen que esa travesura que están haciendo las convierte en mujeres heroicas. Pero aun así no tienen derecho.
Es bueno que reconozcan que son inmorales y se tapen la cara. Pero con ese único acto ya desvalorizan todo lo que pretenden conseguir. Chapuceras. Imberbes irresponsables. Estropean todo lo bueno que los que tenemos elementos para exponer y discutir y obtener resultados, quedemos mal parados.

Yo sé que son ignorantes. Que no saben ni piensan. Que actúan como los simios por impulsos. Pero déjenme que me descargue. Porque lo malo fue que mi esposa y yo fuimos los únicos que levantamos la voz en contra de la barbarie y de la trampa feroz en que estas inconscientes estaban cayendo. Nadie, absolutamente nadie se quiso involucrar, ni siquiera la policía que estaba en la puerta del templo. Déjenme que les diga a estas mocosas que no son nadie y que lo único que lograron fue tirar hacia atrás del carro que con tanto esfuerzo muchas mujeres y muchos hombres, hombro con hombro, hemos venido llevando hacia adelante.

Qué pena, que tremenda pena que exista gente como esa porque muy posiblemente sean irrecuperables. Si a esta edad no aprendieron a querer a su Patria, y peor aún, a quererse a si mismas, no lo van a aprender jamás. Hay muchos vivos metiéndoles ideas cambiadas en su cabecita y ellas no son más que las idiotas útiles de aquellos que siempre se han burlado de todos nosotros.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario