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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

miércoles, 7 de enero de 2015

NUESTRA HISTORIA

El camino se inició el día en el que un amigo me propuso venir a Buenos Aires a hacer el quinto año del secundario junto con el ingreso a la carrera de Medicina.
Mi compañero desistió a último momento pero yo ya había tomado la decisión.
Levé el ancla, rompí todas las amarras, dejé todo lo conocido y me vine a esta ciudad, que amo, en la que había nacido casi por casualidad, pero de la que me habían llevado a los 15 días y durante 16 años había formado mi vida y mis costumbres en una ciudad muy relacionada con el campo, 500 Km al sur: la ciudad de Tres Arroyos.
Llegué en un mal momento político. Eran los últimos días del presidente Ilia y todo era un caos. Mi tía y madrina, Edith, a quien considero mi segunda madre, me llevó hasta la facultad, me dijo que prestara atención, y luego de dos viajes me dejó volar solito. Fue la primera vez que entendí el significado de la palabra responsabilidad.
Yo disponía de mis movimientos. Toda la vida había sido un sobreprotegido, hipercuidado, y ahora me encontraba en medio de la novena urbe más grande del mundo arreglándomelas solo, pero fundamentalmente decidiendo que si y que no quería o debía hacer.
Allí comprendí que mi tía confiaba en mí y por eso me dejaba hacer. Allí comprendí el esfuerzo que estaban haciendo mis padres, económico y emocional, para que yo pudiera realizar mi sueño, allí comprendí que estaba jugando mi partido y no quería perder.
La facultad se cerró después del golpe de estado de Onganía y cuando se abrió las alternativas de aprobar no eran las mejores, así que decidí dedicarme completamente a terminar el secundario e intentar el ingreso en el próximo turno.
Hay una tendencia del pensamiento que dicen que no hay casualidad sino causalidad. No sé si es así, no me atrevo a asegurarlo, pero en este caso, este golpe de timón tuvo mucho de casualidad y mucho más de causalidad. En ese segundo intento, en el mismo momento, posiblemente en el mismo lugar o en aulas vecinas, también comenzaba con su intento de ingresar Mirta.
Se había recibido de maestra con apenas 16 años pero su meta no eran los ninñitos sino que su intención era llegar mucho más lejos.
El sistema de examen había cambiado. Por primera vez se usaba un sistema de pregunta y respuestas múltiples, muy similares entre unas y otras, con pequeños vericuetos que confundían al examinado y que recibía el nombre de múltiple choice. Tuvimos que aprender a manejar el sistema y a rebuscarnos para llegar a un final feliz.
Entraban solamente 1000 alumnos. El espacio físico no daba para otra cosa. Yo que lo viví de adentro, tiempo después, puedo asegurar que es el criterio lógico, todo lo demás es política e intereses que nada tienen que ver con una profesión que demanda el mayor esfuerzo de alguien que va a luchar para ayudar a los demás.
El problema era que estaba conducido por un profesor, tremendamente afeminado y despótico, a tono con el gobierno nacional de ese tiempo.
Y el examen era tan atravesado (y a veces corrupto, cuando no) que en un principio aprobaban 300. A partir de ese momento se aplicaban dos criterios, por un lado había revisiones donde en general te subían la nota de tu examen y por otro lado se aplicaba la curva de Gauss. La mejor nota era el punto máximo y de allí en adelante se iban bajando las exigencias hasta conseguir completar el cupo necesario.
Mediante ese sistema y por distintos caminos, casualidad o causalidad, ambos (Mirta y yo) logramos sortear la primera valla y nos transformamos en alumnos de la facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Era la época en que los titulares de las cátedras tenían un nombre. Su cátedra se conocía por el nombre del profesor que las encabezaba y era una competencia, donde cuando uno elegía alguna era como ponerse una camiseta, tomar partido por alguien o por un método de enseñanza.
Y nos comprometíamos tanto que tratábamos de ser mejores que los de las otras cátedras, era una lucha intelectual.
La fama de cada uno trascendía y cuando llegábamos elegíamos con quien nos íbamos a jugar.
Había tres cátedras de anatomía, que era la primera materia que teníamos que cursar.
Los dos elegimos, sin saberlo, la número dos, reconocida como la del Dr. Mansi.
El sistema consistía en clases comunes a todos los alumnos, que se dictaban en un anfiteatro, y lo hacían los profesores adjuntos, y luego nos dividían en grupos de no más de diez alumnos que formaban lo que se llamaba una comisión. Allí realizábamos en forma práctica lo que habíamos aprendido en las charlas magistrales. Los encargados de llevarnos por este camino eran los ayudantes. Los auxiliares docentes, o ayudantes, eran alumnos avanzados de la carrera, que luego de haber pasado una serie de pruebas, se los autorizaba para actuar como docentes de los jóvenes que recién comenzaban.
Nos tocó la comisión 10. Casualidad o causalidad, ambos coincidimos en el mismo grupo. Nuestra auxiliar docente era Adriana Martínez.
Al poco tiempo habíamos conformado un conjunto de individuos que teníamos las mismas inclinaciones: todo aquello que estuviera relacionado con el arte. Algunos tocábamos la guitarra y componíamos canciones, en mi caso agregaba la posibilidad de hacer dibujos (llegué a hacer la caricatura de toda la comisión, incluidos los ayudantes y el titular de la cátedra), y otros, como Mirta, escribían y muy bien. Había un compañero que era concertista de piano y el ir a escucharlo, en una presentación, fue la primer salida que realizamos todo el grupo en conjunto. Ese fue el inicio de una simpatía que fue en incremento entre Mirta y yo.
Estábamos cursando una materia que duraba cuatro meses y cuando terminamos le pregunté si quería ser mi novia. Nunca me contestó (siempre ha sido así) pero desde entonces nuestra relación se fue fortaleciendo. Cuando comenzamos el semestre siguiente aparecimos tomados de la mano. Recuerdo las miradas de sorpresa de muchos, aunque algunos ya lo imaginaban.
Desde ese día en que le dije que la quería y sin embargo, en lugar de acompañarla, la vi alejarse en el subte, nunca más nos separamos. Han pasado muchos años desde ese hermoso momento y en todo ese tiempo dejamos de vernos aproximadamente 15 días. Los 5 primeros fue porque habíamos ido a una playa y nos quemamos tanto que, por ese lapso, no pudimos salir a la calle y los 10 días restantes fue mucho después, cuando me vi obligado a viajar como veedor de Cascos Blancos (ONU) para controlar un operativo oftalmológico que estaba llevando a cabo, en ese entonces, el gobierno de Chávez.
Los dos fuimos aprendiendo a compartir nuestras vidas. Hemos discutido y reñido como todas las parejas del mundo pero nunca terminamos un dia sin habernos puesto de acuerdo.
Ambos teníamos un concepto inamovible: Lo más importante era recibirnos. Y con esa premisa al frente llevamos nuestra relación hasta llegar de la mano a consagrarnos con el título de médicos.
De allí en adelante la aventura fue increíble. Tengo la intención de contarla algún día pero con seguridad da para que sea todo un libro y de bastantes hojas.
La idea de esta historia fue relatar cómo se inició algo que ha durado a través del tiempo lo suficiente como para que no haya nada ni nadie que pueda destruirlo.
Ninguno de los dos cambió. Seguimos discutiendo, peleando, amándonos y divirtiéndonos juntos. Nadie influyó en nadie. Nadie manda ni nadie obedece. Siempre hemos sido dos personas diferentes que se han respetado permanentemente y que sin embargo uno es la mitad del otro y solos, posiblemente, no podamos sobrevivir.



Casualidad o causalidad. ¿Quién lo puede decir? ¿Tiene importancia? Al menos en lo que a mí se refiere me da lo mismo.
Ahora la premisa es vivir.

7 comentarios:

  1. La narración perfecta...la publicación de las fotos del pasado y del presente no tienen perdón,¡te voy a matar! aunque yo me mantengo igualita, igualita, hasta con un toque de distinción que me hace mucho más perfecta, jajaja.

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    1. Por supuesto Mirta Jajaja pero yo hubiera querido ver más fotos del pasado que del presente ya he visto muchas ;)
      Un momento complicado políticamente en Argentina... uff hay alguno que no lo sea?? pregunto.
      Vuestra historia de amor preciosa, ya os lo he dicho antes, y la receta para formar una matrimonio indestructible... espero que la des antes de uqe escribas el libro Alberto. Me ha gustado mucho querido amigo. Besos y abrazos

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  2. Pues a mi me ha emocionado, es mas, me encantan las historias de la gente que aprecio. Sois la pareja perfecta desde que os conozco. Me recuerdan tantas cosa, me hacéis recordar momentos inolvidables, siempre buenos, de los malos he aprendido a olvidar. Vosotros sois un ejemplo a seguir, estáis juntos desde la facultad, toda una vida juntos, disfrutando de cada momento de cada paseo, de cada tango... No se os ocurra cambiar, la alegría rebosa atravesando el Océano y llega a nuestras casas. un placer conoceros, be happy !!!

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  3. Me he puesto a llorar de la emoción que bonito es querer así y ser querido a la vez como vosotros dos
    Os quiero

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  4. Como no, yo también me he emocionado, vamos a tener que traer un saco de klinex, pues ya le estaréis agradecido al pianista, que fue como el prólogo de vuestra historia, y es verdad Alberto, sois dos que formáis uno, se os quiere un abrazo

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  5. Nunca he sido llorona, pero creo que ultimamente tengo los ojos malos..Es tan grande cuando algo es perfecto..y con perfecto.. quiero decir tan adorablemente imperfecto...Porque la perfección es una aberración que sólo existe en los cuadernos de caligrafía..Una vida, dos vidas sincronizadas como en un vals de Viena el primer día del año..dos vidas que se miran y se persiguen de continuo viviendo ese milagro, manteniendo la distancia perfecta..Abrazos amigos, es emocionante..:)

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  6. Una gran historia Alberto. Casualidad, destino, el caso es que la historia os pinta juntos a muy temprana edad y es un placer ser testigo de estos encuentros. Afortunadamente puedo decir que he conocido y conozco parejas así y es un gustazo verlo. La complicidad, el respeto, los intereses comunes... todo os viste con un sólo traje aunque seáis dos.
    Por otro lado, en tu narración me ha gustado el modo en que describes tu vinculación en el contexto histórico argentino. La verdad es que se me hace muy interesante. He estudiado algo sobre Argentina y tu testimonio es lo más directo que he leído, sin relleno, ni paja. Una vivencia en primera persona. Francamente, me alegra que la hayas compartido. Saludos!!

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