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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

martes, 24 de marzo de 2015

UN MUSEO PARA DISFRUTAR

Salimos con Mirta con la intención de visitar el Museo Brigadier Cornelio Saavedra, más conocido como el museo Saavedra, en el parque del mismo nombre.

Cornelio Saavedra fue el presidente de la Primera Junta de gobierno, que iniciara la epopeya de la independencia argentina un 25 de Mayo de 1810.
El predio correspondió a la casa del hermano del Brigadier y se ha tratado de mantener su aspecto colonial. No es un edificio muy grande lo que permite una limitada exposición de los muchos elementos que recuerdan una época y una evolución histórica. Sin embargo la capacidad de los que armaron este museo y cada una de sus salas es sorprendente.
Pero, a su vez, tiene un significado especial para mí que les voy a contar de la manera más simple posible. Cuando llegué a Buenos Aires con mis 16 añitos habiendo dejado a mis padres y mis amigos en Tres Arroyos (500 km al sur) para encarar mis estudios de medicina, mis tíos, con los que vine a alojarme, tenían temor que extrañara y por lo tanto planearon una serie de salidas para que yo no pensara. Un amigo de la familia que tenía una camioneta, José Balbiano, nos llevó a conocer la laguna de Chascomús, el parque Pereyra Iraola y de pasada paró en un museo pequeñito que había en un costado del camino. Se llamaba Cornelio Saavedra y fue una de las cosas que más me gustó. Desde ese entonces no había vuelto. Pasaron 49 años. Y la sorpresa valió la pena. El cambio que experimentó fue tan extraordinario que hoy les digo: Ningún argentino puede dejar de conocer ese museo, así como el Museo Histórico Militar de San Rafael. No es solo lo que poseen sino cómo lo presentan. La forma en que muestran la historia y le dan el valor que la historia tiene. Paso a contar.





La primera sala muestra mobiliario de la época. Pero hace una aclaración. Es para que se tenga la noción de lo que había en esa época. Unos tenían una cosa y otros tenían otra. Pero la colonia carecía de posibilidades de tener mucho mobiliario y no había salas con todos los elementos allí presentes.



La segunda sala habla de los personajes que hicieron a nuestra historia con una visión interesantísima de cada uno de ellos. Por supuesto que cuando se escribe la historia siempre hay de fondo un pensamiento o una inclinación de la balanza, pero  aquí han sido tan discretos que realmente es un gusto el recorrerla.
Santiago de Liniers
Martín de Alzaga 
 Cornelio Saavedra
 José de San Martín
Volante en contra del Gral. San Martín

 Y en un apartado se puede leer: 
"Los museos de historia hemos sido concebidos, originalmente, como espacios de veneración laica. Así se han construido perspectivas simplificadoras cuyas complejidades se omitieron con la intención de crear relatos ejemplares que debían ser claramente comprendidos por un público al que se creía incapaz de discernir por sus propios medios.
Los nuevos "santos" de esos templos laicos eran los próceres. En la actualidad, si bien esa perspectiva muchas veces sigue vigente, se pretende que los museos sean principalmente espacios de reflexión. En ese sentido es necesario señalar que la categoría de prócer es una construcción historiográfica."


En otra sala nos encontramos con obras de Léonie Mathis, una pintora francesa nacida en 1885 y que viajó a Buenos Aires en 1912 en donde fallece en 1952. Vivió períodos fundamentales de la historia y fue observadora de las transformaciones que experimentó nuestra ciudad, en particular la plaza mayor o plaza del fuerte que finalmente pasó a llamarse Plaza de Mayo.



Con una maestría fantástica fue plasmando en diferentes cuadros ese tiempo de modificaciones fundamentales, muchas de las cuales se hicieron de manera imperativa, a despecho del pensamiento del pueblo (esto está relatado en uno de los artículos del museo), que hoy se desconoce y se acepta como normal pero que en aquella época causó conmoción y explica situaciones políticas que resultan, para el observador desprevenido, absolutamente extrañas.



Hay una sala donde muestra las costumbres de la época, la vestimenta, y cuenta detalles que yo, al menos desconocía, como la habilidad de un señor llamado Masculino (de apellido) que había inventado una máquina para hacer peinetones, convenciendo a las damas de la sociedad que demostraban su posición socio económica cuanto más grande era su peinetón. El hombre tenía la habilidad de explicar que guardaba uno, que había fabricado para él, que era el mejor pero que ese no estaba a la venta. Las señoras se desesperaban y llegaban a pagar fortunas por ese supuesto elemento exclusivo que él le vendía a “regañadientes”. Una vez hecha la transacción, al poco tiempo, volvía a explicar que había construido otro mejor que el anterior y que no lo pensaba vender, etc., etc. con esa historia hizo una fortuna notable con la que compró varios campos, incluido uno en el Uruguay. Genio.





Hay una pequeña salita dedicada a las armas de la época donde se puede leer algunos razonamientos que no había visto en ningún otro sitio.
Es digno de prestar atención al artículo que acompaña esta muestra: 
"Exhibir armas, sin advertencia previa, debería ser considerado un acto de irresponsabilidad. No exhibirlas significaría que un patético cinismo nos ciega, ya que la historia de la humanidad y su presente demuestran que la violencia entre los hombres no ha disminuido; al contrario se ha sofisticado. Debe quedar claro, no obstante, que lo que aquí mostramos (aunque por el hecho de estar detrás de un vidrio nos parezca inocente, aunque su antigüedad le otorgue un halo inofensivo, hasta estéticamente bello, en cuanto a su diseño) fue fabricado con el objetivo de matar, de producir la muerte.


Y finalmente una sala que muestra la evolución del país, donde puede entenderse la inmigración irlandesa ya que las mayores exportaciones del país eran las lanas utilizadas en la revolución industrial inglesa. Los posteriores cambios con el desplazamiento de los ovinos hacia la árida Patagonia y su reemplazo por los vacunos. Existe un porta rapé hecho con la cabeza del primer carnero merino introducido al país.



El parque que lo rodea está bien cuidado y muestra en una mezcla de historia y modernidad obras escultóricas de las escuelas actuales, un tallado en el tronco de un árbol que cayó durante una tormenta y varios cañones que habían pasado a desuso y como tales se los utilizaba como guarda cantones, es decir como un simple hierro colocado en las esquinas para que no se subieran los carros tirados por caballos que por allí pasaban. Fueron rescatados y hoy duermen su sueño de viejas batallas en el parque del museo.





 





Fue un viaje al recuerdo con la satisfacción de haber visto algo que merece ser recorrido. Ojalá hubiera muchos más lugares como este. 


 



A nuestro regreso pasamos por Tecnópolis, una modernidad construida por el gobierno actual y que, desapasionadamente, es algo totalmente distinto. Ya lo contaré en otra oportunidad. 

2 comentarios:

  1. Siempre es un placer leerte tío Alberto

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  2. Admiro el placer de sus paseos tan importantes y tomarse el trabajo de publicar, compartir con detalles éstas maravillas para aprender y admirar. GRACIAS ALBERTO Y MIRTA!!!!!!!!

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