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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

martes, 27 de octubre de 2015

I put my ass on the chair

Cuando tenía 7 años mis padres decidieron que aprendiera el idioma de los pueblos fuertes, la lengua de Shakespeare, y me enviaron a la biblioteca Vicente P. Cacuri a un curso que dictaba una reconocida profesora de Inglés. Sinceramente no entendí absolutamente nada. Fue una tortura que no pude tolerar y luego de padecer durante un tiempo decidí no continuar con el suplicio. Transcurrió mi tiempo con felicidad, era la época del auge del folclore, de nuestras canciones y nuestra lengua, y no tuve ningún problema para comunicarme con nadie. Me distinguí en el primario por mi capacidad para escribir. En el secundario la profesora de “Castellano” se preocupó por que yo corrigiera los horrores de ortografía que traía de arrastre del primario. Consideraba que tenía capacidad para escribir pero tenía que corregir mi gramática y mi ortografía. Así aprendí a prestar atención y descubrí las reglas ortográficas que hicieron que mejorara ostensiblemente en mi capacidad para transmitir mis ideas. Pero no todo es dulce en la vida. En ese entonces en el secundario era obligatorio cursar dos idiomas, Inglés y Francés. Tres años de uno y dos del otro. La ventaja era que uno podía elegir. Por supuesto que seleccioné el francés, que es mucho más nuestro, y así mis tres primeros años se movieron dentro de esta lengua. No crean que me fue fácil. Desde el primario hasta que me recibí de médico, la única materia en la que fracasé y tuve que rendir un examen fue en segundo año, precisamente en francés. Sin embargo eso me obligó a reestudiar este idioma y eso hizo que en el año siguiente me moví como pato en el agua. Siempre tuve problemas con sus variantes en los acentos y a la hora de escribir sigo teniendo problemas , pero lo pronuncio y puedo entenderlo con bastante solvencia. Pero llegaba el Inglés y para prevenir la cosa me fui a una profesora que en forma individual me adelantó todos los tópicos que iba a tocar en el próximo año. Cuando comienzo a cursarlo en el colegio descubro que la profesora era muy complaciente. No nos condenaba por la dificultad natural que cada uno presentaba y conseguí superar la primera valla. Incluso ese año fui el mejor alumno del colegio, primero en el cuadro de honor  (algo que hoy se ha discutido mucho por considerarlo discriminatorio, lo que demuestra la incapacidad de entender que la discriminación existe y el juego de premios y castigos es la única forma de incorporar que hay que hacer bien las cosas porque vale la pena. De otra manera tiramos para abajo y da lo mismo lo uno que lo otro).
En ese momento fue cuando decidí marcharme a Buenos Aires para completar el secundario y en forma simultánea el ingreso a la facultad de Medicina. Casualmente en el colegio en el que cursé el último año del secundario no habían tenido un buen inglés el año anterior porque su profesora había estado enferma y tuvo que faltar mucho. La profesora de ese año, entonces, decidió repetir todo el programa de primero, con lo que yo estuve muy cómodo pero no avancé nada en mi conocimiento. Cuando, ya médico, estaba haciendo la especialidad, entre todos contratamos a una profesora para que nos enseñara el bendito idioma. Vino durante un año y no volvió más. Con lo que volvía repasar lo primario pero no pasé de ahí. Estando mi hijo en el colegio, bilingüe, y donde aprendió a hablar inglés aún mejor que su propia lengua, con mi esposa y otra persona, comenzamos con un cursillo con una de las profesoras del colegio para manejar, fundamentalmente, conversación. Triste, muy triste, porque para mi es imposible conversar con unos sonidos que me resultan dificultosísimos incorporar, menos aun entender.
Consecuencia, y lo reconozco, es por mi incapacidad y una falla en mi cultura, el idioma de las islas es una serie de expresiones guturales que no me dicen nada y que por lo tanto pasan muy lejos de mi cerebro. Por suerte hablo el español, que es uno de los idiomas más perfectos, y puedo disfrutar de muchísimas obras que tienen un vuelo y una sonoridad fantásticamente hermosa. No voy a negar que me gustaría entender ingles, francés, japonés, chino y todos los idiomas del mundo. La palabra es el instrumento más maravilloso para hacer que los seres humanos se comuniquen y un código que hoy, nos separa irremisiblemente e impide que podamos intercambiar ideas y conocimientos.
Pero hete aquí que me encuentro con algo que me resulta gracioso, insólito e incomprensible. Donde el doble mensaje me desorienta terriblemente, más allá de todo lo que me perjudica.
Los anglo parlantes tienen por costumbre festejar algunos días de su tradición que no tienen relación con la nuestra: Día de San Valentín, Día de San Patricio y Día de todos los muertos o Día de Brujas. Y aquí viene lo gracioso, sistemáticamente recibo de los amigos internautas, en especial los dueños de la lengua, canciones en inglés, frases en inglés, y hasta mensajes en inglés. Pero de pronto tienen una fobia tremenda contra lo que podría ser divertido, aunque no sea parte de nuestras costumbres. El día de todos los muertos, recuerdo que mi madre me llevaba al cementerio a poner flores en todas las sepulturas olvidadas por el resto del año. ¡La pucha! Hubiera preferido, salir a jugar disfrazado proponiendo trato o travesura.
Caray, no decimos nada contra Saint Patric porque ahí chupamos cerveza hasta reventar y eso es divertido. Protestamos algo menos contra San Valentín porque por ahí conseguimos algún chocolate o ligamos, y nunca está de más. Pero nos oponemos a Halloween porque allí no participamos, los que se divierten son los chicos y los adultos protestamos contra las costumbres “americanas” que se globalizan.
Hay algo peor aún que por más que me desgañite, tratando de contárselo a todo el mundo, no me dan bolilla ni por casualidad. El día del padre que festejamos es el del padre estadounidense. Un señor que quedó viudo, no he preguntado por qué, y solo, fue capaz de criar a sus 9 hijos. ¡Maravilloso! ¡El Superman de los padres! Creo que debe haber miles de ejemplos iguales o mejores en cualquier parte del mundo. Pero claro, eso es diferente a Halloween. ¿En qué? No sé, no lo entiendo. Tal vez alguien me lo explicó pero como lo hizo en inglés no pude llegar a enterarme.
Creo que el ser humano es absurdo, cobarde e hipócrita. Y no me excluyo. Hacemos lo que nos conviene y nos figuramos ser grandes personajes cuando suponemos que nadie nos está mirando y nos sentimos importantes por las cosas “sesudas” que decimos.
¿Y si probamos con ser humildes? ¿Y si probamos el caminar por el sendero del respeto a los demás? ¿Sería bueno, no? Mientras no me golpees con un huevo ¿qué problema hay en que te diviertas con lo que quieras?. El que no haya pecado que arroje la primera piedra. Sinceramente no me atrevería a decirlo. Creo que todos al unísono comenzarían a arrojar las piedras seguros de que su alma está limpia y sin pecados.

Lo que ocurre es que a veces me cuesta tratar de ser humilde y pensar que puede que no tenga la razón, y entonces se me escapa, aunque apriete los dientes y no quiera decirlo, una frase que sintetiza mi pensamiento: ¡Que manga de pelotudos! 

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