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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

lunes, 2 de noviembre de 2015

CUATRO OBRAS

CUATRO OBRAS

El loco y la camisa.

Una obra con toda la tecnología de un buen teatro como lo es el Picadero y nada más. Una buena actuación de quien hace el personaje del hijo, en una obra sin contenido, absolutamente chata. Sin nada que motive al espectador. Una trama lisa, sin subidas y bajadas como se podría esperar de una obra teatral, que comienza, transcurre y termina sin que el público se entere. Un desperdicio. Mientras la veía pensaba cuantas otras obras de mucho menor presupuesto merecerían tener esas posibilidades y esta, que no tiene más altura que la de una estudiantina, con actuaciones de muy discreto nivel, salvo alguno de los artistas que es mucho peor que la gran mayoría.

Romina y Julián.

Una idea original en donde la propuesta es que pasaría si los personajes estuvieran cambiados de sexo. No que fueran travestis sino que la historia se diera a la inversa. Romeo en este caso es Romina y Julieta indudablemente es Julián. ¿Qué pasaría? Es la pregunta y la respuesta es que no pasa nada. Simplemente asistí a una representación de Romeo y Julieta con los personajes cambiados por un simple antojo del autor, porque no le alcanzaban los varones para hacer la obra como la escribiera Shakespeare o vaya uno a saber que se propuso originalmente y finalmente se perdió y todo quedó como era originalmente. Una muy buena interpretación, donde los actores muestran una verdadera preparación, pero desgraciadamente para hacer una obra que no va de acuerdo a la época en que vivimos. La declamación es complicada y soportar una obra totalmente shakesperiana es realmente intolerable. Uno se queda esperando un vueltita de rosca, algo inesperado que justifique la variante, y se va con el desasosiego de haber asistido a una representación más, con muy pocos elementos, y muy poca imaginación.

Ángeles caídos.

Una obra de muy buen nivel. Muy bien escrita, muy bien desarrollada, que dice mucho de muchas cosas. Es un momento en la relación entre Salvador Dalí y García Lorca. Realmente para sacarle el jugo, lamentablemente, aquí es donde nos encontramos con las dos calamidades del teatro subterráneo actual. El autor interpreta a Salvador Dalí y no so no da ni de lejos el aspecto o la figura del pintor catalán, sino que además es un pésimo actor. Realmente junto con la actriz que encarna a Gala se encargan de destruir todo lo bueno que podía ofrecer esta obra. Quien representa a García Lorca da mucho mejor el personaje pero también es de escasos recursos actorales. La única que demuestra tener pasta para esto del teatro es quien hace el personaje de la enamorada de Federico, pero ella sola no es suficiente. Para empeorar la cosa,  durante toda la obra una música que nada tiene que ver con la escena atruena sobreponiéndose a las voces de los pobres actores que mal recitan sus papeles, lo cual hace que no se escuche su actuación, no sé si para mal o para bien del espectador. Las luces mal manejadas a veces no dan el sentido de la escena y el sonido demasiado fuerte no es lo suficientemente adecuado justamente cuando tiene que sonar imperativo para mostrar la tragedia del asesinato o fusilamiento de Federico García Lorca. Una pena. Hay veces que sería muy importante tener la suficiente humildad para darse cuenta que por más que le guste todavía le falta mucho para representar un papel dignamente. Al menos como escritor realmente podría haberse lucido.

Leonardo

Tanto la obra anterior, como esta, la presencié en el Teatro Columbia.  Un nuevo teatro pequeñito que se ha abierto hace muy poco tiempo anexo al Hotel Columbia, en una muy buena ubicación en calle Corrientes. Pocas plateas suficientes para albergar al escaso público. De cualquier manera cómodo pero con las plateas mal distribuidas. Cuando no hay escenario todos los asientos tienen que estar tipo anfiteatro, una elevada en relación a la anterior. Aquí las cuatro primeras filas están horizontales lo que hace que al que le toca la cuarta fila difícilmente pueda ver si alguna escena ocurre en el suelo. Según me dijeron, charla de pasillo, uno de los dueños es el actor y director de esta obrita, con lo que se puede dar el gusto de actuar para un público que si está alojado en el hotel tiene la entrada en forma gratuita. Una obra simple y tonta, que no dice absolutamente nada. Con un desarrollo forzado y bastante sin sentido. Casi infantil. Sin embargo es de rescatar la actuación de los cuatro integrantes del elenco. Una pequeña diferencia a favor del que hace de mucamo, pero podría ser por el papel que le toca hacer, en el que se desempeña con muchísimo oficio. Para simplificarlo, y no perder el tiempo, una buena actuación para una mala obra.
Como habrán notado no he puesto en ningún momento el nombre de los actores. Siempre me gusta darle una segunda oportunidad a todo el mundo y me gustaría verlos en otra obra, en algo bien escrito, con mejores medios o con un director con más conocimiento.
Antes de estas obras fui a ver Be Happy y Apaga la luz, donde el director, en las dos, era diferente al autor, y en las que con mucho menos medios que las anteriores se pudo ver a verdaderos actores, con una magnífica interpretación, en dos obras de muy buena factura.


Hay de todo en el reino del señor. 

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