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EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.

lunes, 2 de noviembre de 2015

EL TEATRO HOY

EL TEATRO HOY 
Si observamos la oferta teatral no llama la atención que en lo que se conoce como el circuito comercial no hay grandes ofertas. Muy pocos actores de raza hoy están pisando las tablas con obras de cierta envergadura, que sean un atractivo para aquellos que disfrutamos de este medio. Por otro lado las pocas que sobreviven lo hacen a valores que para el gran público son algo más que prohibitivas. Esto ha provocado un fenómeno muy interesante. Una explosión de los pequeños teatros, algunos simples salones de alguna casa con una serie de sillas y los actores actuando a ras del piso. Todo con una inversión mínima. Y acompañando a esto algo notablemente interesante: la aparición de los actoautores. Yo lo hago y yo lo vendo.
Si recorremos la agenda teatral nos vamos a encontrar con una cantidad inusitada de pequeñas salas, algunas bien y otras muy mal ubicadas, muchas con carencias importantes; en un octubre que ha tenido las temperaturas más bajas de la historia, no tener un lugar donde esperar la habilitación de la sala y verse obligado hacer una fila (las localidades no son numeradas sino por orden de llegada) a la intemperie, muchas veces en horarios extremadamente avanzados, conspiran con el éxito de una obra que podría gustarnos pero que ya nos predispone mal para el posterior análisis. Generalmente carecen de los elementos técnicos que serían una gran ayuda para muchos de los actores, porque, y esto es muy importante, no están todos los que quisieran sino aquellos que pueden. Qué significa esto. Que si bien los precios son más acomodados, al ser tantos y no estar en el área céntrica carecen de público. Los actores trabajan gratuitamente y hasta, muchas veces, pagan para poder estar sobre el escenario. Pero todos, sin excepción, tienen que tener otro trabajo, que les permita sobrevivir o alimentar a su familia. Con lo cual debe deducirse que no todos están en condiciones de subirse a ese tren. Decía que carecen de los elementos técnicos como micrófonos individuales o de ambiente, que realce su voz, dificultad con la iluminación y una escenografía absolutamente precaria, con la necesidad de remplazar el telón de boca con luces apagadas, que no siempre están bien coordinadas. Claro los buenos técnicos no siempre están para este tipo de representaciones.
Y a todo esto se suma aquello que mencioné antes. Es bastante frecuente que las obras hayan sido escritas por alguien que está luchando por hacerse un nombre, pero que solo un golpe de suerte lo hará llegar a los grandes círculos. En muchas ocasiones el mismo autor es uno de los que representan la obra, lo que no quiere decir que realmente estén en condiciones de hacerlo. Esto, por supuesto, tiene la ventaja de abaratar las cosas. No hay que pagar regalías por la representación de una obra conocida y si encima el propio autor la actúa nos ahorramos un presupuesto o, como decía antes, le resulta posible juntar la gente que puede tener el tiempo para ensayar y actuar, más allá de su trabajo diario.
Y voy a agregar un pequeño detalle que creo es importante para tener en cuenta. El cine es magia. En el puedo hacer cosas que normalmente no serían posible. El cine permite argucias y trucos para darle el sentido a la historia que se pretende transmitir. Por el contrario el teatro es la vida misma. No hay más magia que la que ponen los actores en su interpretación. Cuando conversamos con alguien, cuando tenemos una disputa o nos reunimos a tomar un café, no hay música de fondo. Más aún, a veces, hasta resulta molesta si algo está sonando cerca nuestro y es habitual que uno diga vamos a otro lugar menos ruidoso, donde podamos charlas con tranquilidad.
Pues bien, se ha puesto de moda ponerle a las obras música de fondo. Y esto es todo un problema porque el actor no solo tiene que luchar con la falta de medios técnicos, es decir, actuar, como en la antigua Grecia, a grito pelado, sino que encima tiene que competir con una musiquita que lo invade todo, no siempre tiene relación con lo que está ocurriendo, y dificulta la audición, porque, por si no lo pensaron, la mayoría de los espectadores son gente grande, que con altísima frecuencia tienen problemas de audición, y muchas veces no llegan enterarse “de que se trata”.

Dicho todo esto, me saco el sombrero para hacer una reverencia a todos aquellos que con mayor o menor aptitud, pero con igual garra, con el mismo deseo, hacen el tremendo esfuerzo por alcanzar sus sueños, e indirectamente por alimentar los nuestros. Por hacernos la vida más llevadera, por tratar, lo logren o no, contarnos una historia, transmitir un mensaje, regalarnos el mejor arte que pueden tratando de que podamos recibir esa emoción que ellos sienten cada vez que se presentan ante el público. A todos ellos gracias. Más allá de los comentarios que posteriormente haré de cada una de las obras que he visto en los últimos días, gracias por ese esfuerzo, por esas ganas, por no dejarse vencer y seguir luchando para alcanzar el otro extremo del arco iris.

2 comentarios:

  1. Con todas la carencias que mencionas,el teatro ha pasado a ser parte de nuestra vida y el respuesta a la pregunta ¿qué hacemos hoy?. El cine fue un gran amigo en épocas muy puntuales de nuestra vida, pero hoy se torna muy esquivo, con el teatro independiente hemos logrado llenar ese vacío y prácticamente por el mismo valor; de tener que elegir alimentar la producción hollywoodense y alimentar a los nuestros, elijo lo segundo, aunque coincido que a veces algunos dejan mucho que desear. De todas maneras de una manera u otra estamos viviendo la emoción de descubrir sitios que desconocíamos y esfuerzos que merecen ser estimulados.

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  2. Nunca he asistido a una de estas "obras caseras" pero he oído hablar de ellas y recuerdo haber visto algún documental... Siempre que haya un mínimo de calidad, me parece una buena opción para variar y experimentar... Saludos, Alberto

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