EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.
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miércoles, 13 de enero de 2016

UNA HISTORIA REAL (para meditar)

La sala de espera estaba llena. La mayoría eran personas mayores que son las que habitualmente presentan los mayores problemas visuales. Conversaban animadamente o leían las viejas y tradicionales revistas de las salas de espera.
De pronto se abre la puerta y entra un hombre, mayor, con ropas de trabajador, que sangraba profusamente. Traía un pañuelo apretado contra su mentón empapado en el rojo elemento.
Inmediatamente varios se hicieron cargo del problema y corrieron a socorrerlo. Una de las secretarias nos avisó e inmediatamente dejamos el consultorio para ir a ver qué pasaba.
El personal ya lo había llevado para el pequeño quirófano que se utilizaba para este tipo de intervenciones, supuestamente ambulatorias.
Allí estaba el hombre, acostado en la camilla. Le habían limpiado una herida cortante que le recorría toda la punta del mentón. Seguía sangrando.
Nos contó que se había caído y había golpeado con esa parte de la cara.
Revisamos el lugar y decidimos que hacía falta realizar una sutura.
Hagamos la salvedad que era un consultorio oftalmológico y lo único que teníamos era sutura muy delgada. La más gruesa era la que usábamos para el estrabismo. Podía llegar a servirnos.
Me encargué yo del asunto. Un buen avón de anestesia y luego la aplicación de varios puntos de sutura. Lo más próximo entre ellos como para que hicieran la fuerza adecuada y de paso quedara la menor cicatriz visible. Dentro de lo posible fue un buen trabajo. Posteriormente un vendaje compresivo. La pregunta clásica ¿Cómo se siente? El hombre era fuerte e inmediatamente estuvo de pie.
Dio las gracias, saludó, agradeció de pasada a los que estaban en la sala de espera y salió.
No habrían pasado mas de cinco minutos cuando se abre de nuevo la puerta y el hombre reaparece, otra vez sangrando.
Y aquí es donde viene la historia. La gente se levantó enfervorizada.
-          ¿Eh, que se cree usted, que esto es una clínica general? –
-          Esto es el consultorio de un oculista… No tiene nada que hacer aquí –
-          ¿Por qué no se va a otro lado? ¿No ve que nos hace perder tiempo?
-          ¿Que es lo que se cree… que puede entrar y salir cuando se le antoje?
Algunos ya se habían levantado para impedirle el paso, otros querían echarlo.
El hombre, sangrando, los miraba sorprendido… no entendía lo que sucedía…
Claro, en ese momento aparece una de las secretarias y mirando a los exaltados pacientes les dice.
-          ¡Es el  padre de la doctora! –
Efectivamente, se trataba de mi suegro, que estaba trabajando en casa y cuando se cayó y se lastimó el mentón lo primero que pensó fue en venirse al consultorio de sus hijos para que ellos lo curaran. Evidentemente el hilo usado para suturar no había sido lo suficientemente fuerte y la herida se había vuelto a abrir.
Todos se calmaron como por arte de magia. Cerraron su boca, frenaron su actitud beligerante y no volvieron a abrirla hasta que fueron llamados.
Por suerte yo, en ese momento, estaba atendiendo a la esposa de un médico traumatólogo de una clínica cercana, lo llamó, el hombre se vino con todos los elementos necesarios, le hizo una sutura adecuada y cerró la herida sin problemas.
Mientras mi colega trabajaba en el quirófano, nosotros continuamos atendiendo de modo que nadie se impacientara, con lo que quedaron todos tranquilos  ya que sus turnos no habían sido alterados. Y mi suegro pudo retirarse sin problemas.
Fue un aprendizaje extremadamente interesante. Somos todos buenos mientras no se afecten nuestros intereses. El pobre viejito aun con una herida sangrante iba a ser echado porque les hacía perder el tiempo. Pero dejó de ser un individuo molesto cuando adquirió el estatus de padre de la doctora.
Nunca llegaron a entender que nosotros habíamos estudiado medicina  porque nos gustaba, porque teníamos el afán de ayudar a quien fuera, que vivíamos de eso, era nuestro trabajo, pero reconocíamos un solo tipo de paciente, el ser humano sin distinciones.
Nunca lo hice, pero tenía ganas de poner una tabla en la que mostraba que los que tenían los prepagos más caros no eran los que más nos pagaban, muy por el contrario estaban por debajo de los pacientes privados y los jubilados. Se pavoneaban mostrando una credencial que solo demostraba que eran más tontos que el resto.
Pero tantos los unos como los otros eran absolutamente hipócritas. Muchos de ellos les daban monedas a los pobres en la estación o llevaban ropa a la iglesia o los geriátricos, pero frente a un individuo igual que ellos, herido, sangrando, no eran capaces de perder un minuto de su valiosísimo tiempo.

Decía un viejo refrán italiano: Piano, piano, si va lontano e forte, forte si va a la morte.

sábado, 20 de septiembre de 2014

UN PEQUEÑO LUGAR UNA GRAN HISTORIA (El otro lado)

Hemos caminado asombrados por la historia que encierran apenas tres cuadras. Ahora cruzamos la calle y vamos a recorrer el otro lado del recorrido. Vamos a entrar en el sector del Parque Rivadavia propiamente dicho.
Apenas uno atraviesa la avenida Rivadavia puede verse un local, que si bien es actual. Forma parte del paisaje de la zona. Un comercio donde se pueden encontrar las películas más increíbles y extrañas
que a uno se le puedan ocurrir. Una verdadera filmoteca que asombra. 







Pero unos metros más al oeste llegamos a la entrada del Parque
Rivadavia.

Con este parque tengo que hacer alguna pequeña desviación en mi relato porque también ha formado parte de mi historia. Yo viví en Tres Arroyos, una localidad que está en la provincia de Buenos Aires, exactamente a 500 Kms. al sur. Hasta los 17 años viví allí. Como hoy los chicos coleccionan figuras de los super héroes o intercambian juegos de Play, cuando yo era adolescente se coleccionaban estampillas, mariposas, piedras o caracoles y se intercambiaban en especial libros, la mayoría de aventuras, de la colección Rastros, Corín Tellado, y la inolvidable Robin Hood. La mayor parte de los coleccionistas dejaron de serlo, las colecciones quedaron en el olvido y fueron remplazados por otros interesas. Pero en esa época resultaba importantísimo y el sitio clave para conseguir las mejores piezas o hacer los cambios más convenientes era el parque. Allí en torno a un añoso y enorme ombú se reunían los unos y los otros y era entrar en un mundo fantástico donde todo era posible. Yo pasaba mis vacaciones en la casa de unos tíos abuelos que vivían en Ramos Mejía. Allí tomábamos el tren, ferrocarril Sarmiento, que nos llevaba sin interrupciones hasta Caballito, apenas unas cuadritas del soñado parque Rivadavia. Habitualmente me acompañaba mi padre.
En otra oportunidad les contaré algo de esta línea ferroviaria que tiene una antigua historia y una, muy actual, que ha impactado al mundo entero.
Es un espacio verde que ocupa un poquito menos de esas tres cuadras que recorrimos por la vereda de enfrente y se hunde en el barrio de Caballito por una dos cuadras hacia la calle Rosario que la limita por el fondo.
Este enorme predio perteneció a la Familia Lezica. Tanto que aún se sigue conociendo popularmente al parque Rivadavia como parque Lezica. Hay que acomodarse en el pensamiento que la avenida Rivadavia, en ese entonces, era el camino obligado para llegar a Buenos Aires, Era de tierra, cosa que dificultaba el tránsito en tiempos de lluvia, ya que el transporte era en coches arrastrados por caballos, y fundamentalmente carretas tiradas por bueyes que venían de muy lejos. Se lo conocía como Camino Real. Y Caballito era la posta, el sitio de descanso obligatorio antes de hacer la entrada en la ciudad más importante del país.
Pero también la gente de las familias acomodadas de la “bulliciosa” Buenos Aires, establecieron sus quintas, lugares de descanso, donde pasar los fines de semana, frescos, divertidos, buscando el verde que hoy muchos buscan en los countries.


Los Lezica tenían un lugar privilegiado en ese escenario. Enfrente estaba la Familia Wanklin, de origen inglés y que eran amigos de los adinerados vecinos.
La casa era una típica mansión de fin de semana, con una noria para extraer agua y una arboleda en la que se destacaba un añoso ombú que se encontraba en uno de los laterales. Allí vivió Ambrosio Plácido de Lezica, un comerciante y político que se codeaba con la oligarquía porteña.
La quinta era en forma de triágulo y se extendia entre la actual Avda. Rivadavia, la calle Rosario y la Avda La Plata. En 1871, durante la epidemia de la fiebre amarilla la familia se trasladó a la quinta transformándola en vivienda permanente. Allí supieron recibir al presidente Domingo Faustino Sarmiento, quien en su afán progresista les regaló uno de los seis eucaliptos que había traído de Australia. En ella se realizaron tertulias y reuniones danzantes, en una de las cuales, según una leyenda urbana, se produjo el asesinato de la negra planchadora que he relatado en otro post. Con la muerte de Ambrosio la familia entró en una etapa de decaimiento económico y la quinta quedó abandonada. Fue loteada y se fueron vendiendo los sectores que daban a Avda. La Plata. El predio quedó reducido a un triángulo que el hijo menor de la familia trato de venderlo al municipio sin éxito. Finalmente el mismo gobierno decidió expropiarlo y la familia llegó a un acuerdo con la condición que mantuviera su nombre, ya que la intención era hacer una plaza. El edificio fue demolido, la noria fue transformada en una fuente que hoy marca el sitio original de la misma y aún persiste el ombú famoso por el hecho violento que en el había ocurrido. Lo que no se respetó fue el nombre del parque que se dio a remodelar al paisajista Carlos Thays, dándosele el nombre de Parque Rivadavia, nombre que nunca se logró cambiar a pesar de los intentos de la familia y que popularmente se lo sigue recordando con el
nombre de parque Lezica.

Posteriormente se agregó un monumento en honor a Simón Bolívar, obra del reconocido escultor José Fioravanti (autor del Monumento a la Bandera y los leones marinos de la rambla de Mar del Plata) y una estatua, donación del club de Leones de Caballito, en honor a la madre, obra del escultor local Luis Perlotti, quien también realizó una copia de la veleta que dio origen al nombre de la zona y que fue emplazada en la plazoleta Ricardo Rojas que está en un lateral de la estación (La auténtica se encuentra en el museo de Lujan.


 En el otro extremo se encuentra la bellísima obra “La fuente de la doncella”, realizado por el artista barcelonés José Limona Brughera, y que fuera obsequiada por la comunidad catalana a la ciudad de Buenos Aires en 1931, en ocasión de la visita del autor a nuestra ciudad. Esta obra fue emplazada cerca del ombú pero luego fue desplazada a la plaza San Martín y recién en el año 2009 fue devuelta al parque que era su lugar de origen.


 Lentamente se fueron reuniendo, primero los filatelistas, en derredor del ombú, y luego, todo el parque se fue poblando de puestos que vendían o canjeaban libros usados, revistas de todo tipo, discos, grabaciones piratas (Que aún se siguen vendiendo) y todo tipo de adminículos antiguos y modernos. En el año 2003 se realizaron una serie de modificaciones en el parque, se lo emprolijó, se abrió una calle en un lateral donde ubicó a los vendedores de libros, y se enrejó la totalidad del parque pudiendo, desde entonces, visitarse hasta las 10 de la noche. En su exterior se ha conformado un verdadero mercado de pulgas con los personajes más extraños. 
Si continuamos caminando por la avenida Rivadavia nos vamos a encontrar con un edificio en cuyo frente se lee Escuela Normal Superior.
Allí estuvo instalado Colegio Gorostarzú.
Obra de los arquitectos Eduardo María Lanús y Paul Hary. Año 1908.
En 1908 se inaugura la Escuela Normal de Maestros en Flores, en Avellaneda y Donato Álvarez. En 1910, por problemas de salud de dicho director
Gorostarzú el colegio es vendido al Estado, denominándolo Escuela Normal Superior y al año siguiente se traslada el colegio de Flores. A partir de 1912 pasaría a llamarse Escuela Normal Superior N°4 y recién en 1927 se le impone el nombre de Estanislao Zeballos.
Un poco más y llegamos a un enorme edificio en construcción que marca el final del recorrido. Es algo mucho más moderno. Allí funcionó durante muchos años una prestigiosa Clínica que sufrio el deterioro económico, la Clínica Antártida. En la actualidad fue adquirida por el sindicato de camioneros y está en plena etapa de modificación. Ya lleva un tiempo en construcción y creo que se entremezclan con algunos problemas políticos, ya que el presidente del sindicato es opositor al Gobierno en ejercicio.
Estamos en Rivadavia y Acoyte o José María Moreno
según de donde se la mire porque Rivadavia es el punto de partida de ambas arterias. Hemos recorrido apenas tres o cuatro cuadras del barrio de Caballito y hemos debido detenernos a cada instante por algún guiño de la historia.

Y entonces uno recapacita parado en cualquiera de sus cuatro esquinas y piensa:
"¡Que pequeño lugar y que gran historia!".

lunes, 25 de agosto de 2014

Miguel Hernandez- Nanas de la cebolla / J.M. Serrat

He quedado impresionado.

Para explicarlo primero debo hacer un pequeño comentario.
Mi padre nació en 1918 y por tanto fue espectador de la guerra civil española. Admiró y disfruto de grandes escritores y poetas que se refugiaron en nuestro país, un sitio donde mucho de sus coterráneos habían elegido como nuevo hogar y, bien recibidos, ocupaban en ese momento lugares de privilegio en la sociedad porteña. Muchos de ellos, como García Lorca, volvieron para encontrar la muerte en su propio suelo. Pero mi padre tenía una predilección por Miguel Hernández, su libro, El rayo que no cesa, fue un poco mi iniciación en la poesía ya que el me leía en cuanto podía algún poema que había seleccionado. 
Buscando datos de la vida de este poeta, me encuentro con una historia que cuenta que, estando ya preso, recibe una carta de su esposa donde le relata que lo único que tienen, ella y su hija, para comer es pan y cebolla. Y así nace uno de los más bellos poemas que Miguel escribió: La nana de la cebolla.
Recordé que la había escuchado cantada por Joan Manuel Serrat y fui a buscarla. Encontré varias versiones, pero esta realmente me impresionó. Me tocó el alma. Las imágenes no pueden ser más descriptivas  y dramáticas. Quien ensambló este video es otro artista, tanto como Miguel Hernández o como Serrat. Pienso que es una obra para guardar... para tenerla junto a las cosas que siempre deben acompañarnos. Y so pena de ser reiterativo voy a dejar una frase que también me ha conmovido al escucharla no hace mucho:         "No existe el presente ni el futuro, la vida es solo el pasado que se repite una y otra vez".




Pero hete aquí que he encontrado, posteriormente otro más tremendo. Este ya armado con intención, pero que vale el verlo y volver a escuchar a Joan Manuel y La nana de la cebolla.


martes, 8 de julio de 2014

VIVA LA PATRIA

Todos conocemos que pasó el 4 de Julio, o el 14 de ese mismo mes, pero muy pocos recuerdan lo que ocurrió un 9 de Julio de 1816.
La globalización nos ha “culturalizado” de tal manera que tenemos la información del mundo pero no nos ha dado ese pequeño granito de curiosidad para averiguar qué pasó con nosotros, quienes somos, de dónde venimos.
Posiblemente no queramos saberlo porque eso nos llevaría a mostrar que somos muy patriotas cuando jugamos un partido de fútbol o disputamos algo concreto y específico, pero el resto del tiempo somos ciudadanos del mundo, olvidando que primero salimos de Argentina, que una historia nos avala y que debiéramos sentirnos orgullosos de ella, tratando de investigar y profundizar en nuestras raíces.

Cuando converso con mis pacientes, en el consultorio, y descubro que tanto jóvenes como viejos, desconocen las cosas más esenciales de nuestra historia, comprendo el por qué estamos donde estamos, por qué hemos llegado a una situación lamentable, cuando, un país como el nuestro, debiera figurar entre los diez mejores del mundo.
Las razones son muy profundas y vienen de muy lejos. Solo quiero contar pequeños detalles, teñidos, como siempre lo aclaro, de mi pasión, que no me permite ser imparcial, y posiblemente me haga caer en errores históricos. Todo puede ser.

“La Declaración de Independencia de la Argentina fue una decisión tomada por el Congreso de Tucumán que sesionó en la ciudad de San Miguel de Tucumán de las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata. Con dicha declaración se hizo una formal ruptura de los vínculos de dependencia política con la monarquía española y se renunció a toda otra dominación extranjera. Fue proclamada el martes 9 de julio de 1816 en la casa propiedad de Francisca Bazán de Laguna, declarada Monumento Histórico Nacional en 1941.”

Esta es la definición que nos brinda Wikipedia de la Independencia Argentina.

Esta definición nos lleva a una reflexión extremadamente interesante. Los argentinos tenemos dos fiestas patrias. El 25 de Mayo (1810) y el 9 de Julio (1816). ¡Tuvieron que pasar seis años! Seis años de luchas encarnizadas, enfrentamientos entre ejércitos opositores, con triunfos y derrotas. Cientos de hombres que dejaron su vida en defensa de apenas una idea, porque hasta ese momento no se sabía cuál era la razón en forma concreta.
No voy a decir nada. Solo voy a dejar que cada uno saque sus conclusiones. El que tenga ganas que investigue un poco, pero por sobre todas las cosas que preste atención qué ocurría en Buenos Aires y qué en los frentes de Batalla.
El caso es que el 9 DE JULIO DE 1816, los pocos representantes de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, decidieron que esta sería una tierra libre e independiente de los “reyes de España y de toda otra dominación extranjera”.

Hace ya mucho tiempo (Si prestan atención la fotografía ha sufrido los embates del tiempo) parado frente a la casa que acunó la Independencia, en San Miguel de Tucumán, vi esta escena y, con el corazón latiendo como pocas veces, me apuré a captarla. Es espontánea. El chico de la foto no sé quién es y no posó para ella, simplemente lo vi, y en él se me representó a todo un país esperanzado, con los ojos en el pasado para dar el paso necesario para entrar de una vez por todas en el futuro.
Lamentablemente quedó en eso. Hasta vinieron tiempos peores. Hoy posiblemente el hijo, o el nieto, de ese niño esté parado en la misma posición. Apoyado en la historia y pensando en hacer una Argentina mejor.
Ojalá que ellos vivan en un mundo distinto.
Va para ellos y para todos mis hermanos argentinos un ¡VIVA LA PATRIA!

¡FELIZ CUMPLEAÑOS ARGENTINA!

miércoles, 2 de julio de 2014

UNA DEUDA

Justo es decir que he estado
engripado. Unos virus gordos y mañosos que me ha costado quitármelos de encima y aun revuelan metidos en un cerebro calenturiento en sus últimos coletazos.
Sin embargo voy a relataros un sucedido que tal vez no fue, no lo sé, pero que allí está clavado en el centro de mi pensamiento hurgando en la herida atroz del sentimiento, del dolor, del nunca más.
Abrí la puerta que da al jardín sigilosamente. Aún era de noche y una cierta bruma se extendía a lo largo del parque anunciando otro día de niebla. Abrí la pequeña alacena y tomé una de las bolsas con alimento para los gatos que habitualmente vienen a comer a esa hora.
-          ¿Dónde está? –
Hice silencio y presté atención.
-          ¿Dónde está? ¿qué pasó? –
Se repitió la pregunta. Miré sorprendido a los lados.
Sobre un freezer que tenemos en un rincón estaba parada Jade. Su cola peluda oscilaba y sus ojos tristes persistían clavados en mi.
-          ¿Qué pasó? ¿Dónde está? –
-          ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde? –
Y de los cuatro costados cada uno de los habitantes habituales me repitieron la pregunta que había lanzado ella. La más amiga. La que jugaba y hacía arrumacos.
Enis desde el rincón, Portos y Mishu Mishu, desde bajo el sillón de paja repetían la pregunta.
Una pregunta que repiqueteaba en mi mente y para la que yo tenía la respuesta pero no quería abrir la puerta, no quería escucharla.
Caminé lentamente buscando sentir el golpe, el roce, el tropiezo de cuando corrías a mi alrededor.
Y supe que ya no acariciaría tu cuerpecito peludo y tus orejas frías. Que ya no tendría que cuidar que la puerta quedase abierta para evitar que fueras a explorar otros mundos y te perdieras, te perdiera.
Supe que nunca más.
¿A dónde? Junto con el inolvidable Spike, con el indomable Mako. Allí donde iremos todos alguna vez.
Polvo al polvo.
Ahora sé que pronto iré al Supermercado y alguien me preguntará por que no llevo más los diez paquetes de radicheta o los tres kilos de zanahoria.



jueves, 19 de junio de 2014

HACE TIEMPO UN 20 DE JUNIO



El 20 de Junio se cumplen 194 años de la muerte de uno de los próceres más grandes de nuestra vapuleada historia: Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano,
Fue el prototipo del patriota que dio todo por su tierra, poniendo mucho más de lo que hay que poner cada vez que hizo falta y le fueron requeridos sus servicios.
Fue un grande con todas las letras. Y, lamentablemente, su ejemplo ha servido para muy poco y su empeño y deseo aun no se ha cumplido.
Voy a contar algo de su vida según mis propias palabras. Puede fallar mi rigor histórico pero tengan en cuenta  que no soy imparcial.
Nació en el seno de una familia que venida de Génova, consiguió amasar una considerable fortuna en las nuevas tierras, con lo que el señorito pudo estudiar y recibirse de abogado y en esos menesteres fue que se le metió en la sangre el ideal libertario.
Así participó en los movimientos políticos que se desarrollaron en nuestra tierra, siendo, de alguna manera, el comodín de los distintos gobiernos que se fueron sucediendo, insidiosamente, según la conveniencia de los sectores involucrados.








Nuestra revolución fue una mezcla de motivaciones. Por supuesto la más importante fue la económica, pero también hubo algunos jóvenes que recibiendo el influjo de las revolución francesa habían encendido sus ansias y coincidieron justo con el momento propicio.
En España el rey había sido derrocado por Napoleón y lo único que quedaba de su autoridad era la Junta de Sevilla, a la que no se le debía lealtad alguna.
De cualquier forma los timoratos y acomodaticios de Buenos Aires, no se animaron a proclamarse independientes sino que se excusaron diciendo que iban a tomar transitoriamente el poder mientras el rey no estuviera en su lugar.
Este acto fue un absurdo total ya que fusilaron a aquellos que habían sido representantes de la corona española y se armaron para luchar contra los ejércitos realistas que no habían perdido fuerza en el virreinato del Alto Perú.
Era una época incierta. Los que quisieron definirse fueron quitados del medio, algunos con sistemas muy poco claros..
Belgrano era abogado, y eso era lo que sobraba (de hecho esa ha sido nuestra desgracia, desde entonces hasta ahora han sobrado abogados en nuestra política) y lo que hacían falta eran militares, Así que el joven se improvisó en soldado y dejando su familia, sus comodidades, descuidando su fortuna fue a cumplir lo que el deber le demandaba.
Y esta es precisamente la historia, que por harto conocida, no me canso de repetir y de contar, porque creo que es imperativo que los argentinos sepamos separar el polvo de la paja.

El abogado Belgrano es nombrado General y allí va a encabezar un ejército de gauchos desarrapados que el se encargó de darles una disciplina, una conducta y hasta una educación..

Pero se dio cuenta que no tenían nada porque luchar. No había nada que representara a la patria que defendían. Les faltaba una bandera que los identificara y por la que debían estar dispuestos a dar su vida.
Es así que decide crear un pabellón. Hay dudas sobre el origen de su color. Los más dicen que lo tomó del manto de la virgen, de quien era devoto. Otros, más románticos, lo atribuyen al color del cielo. Y algunos historiadores dijeron que había tomado los colores borbónicos.
Cuando informa de su decisión al gobierno de Buenos Aires los políticos a cargo de la nación mostraron de que estaban hechos. Inmediatamente le enviaron una misiva prohibiéndole la creación de la bandera, porque si bien peleábamos contra los ejércitos españoles no convenía hacerlo tan abiertamente. Otro absurdo y una actitud pusilánime que ha marcado la política permanente en nuestro pais.






Belgrano hizo caso omiso a la orden y sin prestarle mayor atención el día 27 de febrero de 1812, enarboló, en las barrancas del majestuoso río Paraná, allí donde se levantaba la ciudad jamás fundada, en la provincia de Santa Fe, o sea en la Villa del Rosario, saludándola con los cañonazos de dos baterías; Libertad e Independencia, la que habría de ser la bandera argentina, marcando definitivamente un camino que no habría de tener retorno.

En Buenos Aires recién se animaron a izarla el 23 de agosto de ese mismo año.
El abogadillo, venido a militar, fue penalizado por este acto, pero el ya había dejado puesto el primer mojón de una nueva nación.
Murió en la pobreza más absoluta. Es conocido el hecho que pagó con su reloj al médico que lo atendió en sus últimos días. Dio su fortuna y su vida en aras de un ideal.

Dejó una frase: "Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro." 
Lamentablemente no solo no pudo verlo sino que aun sigue sin cumplirse.
Murió un 20 de Junio de 1820.
Ese día conmemoramos el día de la Bandera.



Las fotos fueron tomadas en el monumento a la bandera en la ciudad de Rosario

viernes, 2 de mayo de 2014

JOSE FELICIANO...PUEBLO MIO.


José Feliciano ocupó un lugar importantísimo en nuestra formación musical. La época de los grandes cantantes y compositores.. Y una canción que sigue vigente. Disfrútenlo.

domingo, 2 de marzo de 2014

FIN DE SEMANA LARGO (CARNAVAL)

Fin de semana largo                                                                      
Imagen tomada de Google, Forosperú
                                                                                               
¿Qué significa esto?
Que al sábado inglés y al feriado del domingo se suman el lunes y el martes, no laborables, como festejo del carnaval.
Hace ya bastante tiempo estas eran una de nuestras fiestas predilectas.
Se dividían en dos partes. Una que comenzaba al mediodía y se extendía hasta las cuatro o cinco de la tarde y otra que comenzaba a la noche con el desfile del carnaval y se continuaba con los bailes en los distintos clubes de barrio o en algún centro dispuesto para tal fin. En mi pueblo se llamaba “El sueño Azul”.
El juego de la tarde consistía en un enfrentamiento entre mujeres y varones (habitualmente sin distinción de edades) con todo tipo de elementos repletos de agua y con la intención de empapar al del sexo opuesto, en un intercambio de risas, juegos y, por qué no, un amago de flirteo, generalmente inocente.
El acontecimiento nocturno consistía en el corso, donde, por una serie de calles adornadas con bombillas de colores, desfilaban todos aquellos que se atrevían a disfrazarse. Solía haber de cuando en cuando una carroza que no era más que un carro con un conjunto de personas que cantaban canciones, en general picarescas, y vestían ropajes similares. El resto recorría las calles una y otra vez, en grupos o solitariamente, y escondidos tras las máscaras se acercaban a las personas que se apostaban en las veredas para ver el desfile y, con voz aflautada. le hacían bromas mientras el otro intentaba descubrir de quien se trataba.
Normalmente quien decidía ponerse un disfraz tenía que inscribirse en la municipalidad y obtener un permiso que debía llevar durante su recorrido. Esto evitaba que alguien aprovechara el anonimato para cometer algún ilícito.
En alguna época se utilizaban unos dispositivos que esparcían agua en forma de spray (se los conocía como perfumeros), que posteriormente fueron reemplazados por los pomos, que eran recipientes tubulares con un agujero en un extremo, lo que permitía arrojar el agua moderadamente, mojando a aquellas personas que intencionalmente se buscaba provocar.
Mucho menos, pero cada tanto, volaba una serpentina, que era una cinta delgada que se arrojaba sosteniéndola de una punta, de manera que se extendiera sobre aquellos que divertidamente desfilaban y hacían bromas.
Los bailes de carnaval se realizaban en los muchos clubes barriales y allí concurrían las parejas que previamente se habían puesto de acuerdo o aquellos que eran habitués de ese tipo de reuniones y, en general, iban a lucir sus habilidades de bailarines.
El tiempo pasó, todo fue cambiando y hoy es otro mundo y otra generación que entiende las cosas de diferente manera.
Ni mejor ni peor. De diferente forma.
Solo que durante un tiempo, en mi país, este feriado fue suprimido, y en la actualidad ha sido repuesto, y muchos se preguntan que es, que significa. Un rito pagano trasladado a un nuevo siglo, con conceptos y criterios que ya nada tiene que ver con lo vivido hace unos cuantos años.
Ya digo, en su tiempo llegó a ser una de las fiestas de mayor trascendencia, donde nacieron y murieron muchos romances y muchas historias que ya no se recuerdan.
Como homenaje a aquellos tiempos que, bien o mal, son parte de la historia de un pueblo va este tango que escribió Anselmo Aieta y Francisco García Giménez.

He elegido la versión de Julio Sosa, un malogrado cantor uruguayo que fue uno de los grandes de la canción del Rio de la Plata. Espero que con la explicación anterior puedan comprender la maravillosa letra que nos regaló García Giménez.