EL PARAISO O EL INFIERNO

Cuando uno expone sus trabajos al publico puede tener una respuesta agradable o ser ignorado olímpicamente. Pasamos del paraíso al infierno en pocos instantes. Y uno debe hacer el ejercicio de construir lo que le gusta sin importarle lo que el otro piense. Si algo es bonito para mi deberá ser suficiente. Es un ejercicio difícil. Las caricias son agradables, pero lamentablemente hoy las manos están para otra cosa.
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domingo, 9 de octubre de 2016

LOS TÍTERES (Mi homenaje)



El primer paso es escoger una calabacita apropiada. Esa que usamos para hacer un mate.
Luego se cortan tiras de papel de diario y se ponen a remojar.
Con harina y agua se prepara el engrudo.
En el hueco del mate se coloca un tubo de cartón que sobresalga unos tres o cuatro cms del borde.
Capa por capa se cubre el mate con el papel húmedo y embardunado con el engrudo y se lo extiende hasta el tubo de cartón.
Con el mismo papel, pero ya amasado y transformado en una especie de pasta se arman los rasgos que uno pretende en la cara. La nariz, las cejas, los párpados que van a dejar el espacio para los ojos, los pómulos y los labios. En la parte inferior se hace un pequeño reborde, como para que no se deslice el futuro vestido.
Se lo deja secar y con témpera o acrílico se lo pinta. Las cejas oscuras, los pómulos rosados o rojos, los ojos blancos y luego el centro con el color elegido.
Finalmente se le pega el cabello, los bigotes y la barba, si el personaje lo requiere, y hasta pueden colocarse en los ojos alguna piedra o botón que lo haga resaltar.
Finalmente se tomará una tela y se cortarán dos partes iguales. Un rectángulo largo y levemente ancho. En uno de los extremos dos rectángulos, uno a cada lado más cortos, hacia los lados y en ese mismo extremo, pero en la punta, un rectángulo pequeño. Se cose en el borde. Dejando libre los extremos de las rectángulos laterales y el del extremo y el opuesto de la parte gruesa.
Se da vuelta  como si fuera una media. En el extremo de los pequeños rectángulos se cosen las que van a ser las manos, hechas con tela de color rosa o blanca. Por el extremo del rectángulo superior se introduce la parte que corresponde al tubo y se lo ajusta. El reborde no permite que se salga.
La mano se introduce por la abertura grande, el dedo índice va en el tubo, para mover la cabeza, el pulgar en uno de los cilindros, sería el brazo izquierdo y el medio en el otro, o sea el derecho. 
Ya tenemos un títere de guante
En otra oportunidad les voy a contar como se hace el teatro, aunque yo he podido ver al más grande de los titiriteros de la Argentina, Maese Javier Villafañe, improvisar uno con una simple frazada, porque la magia estaba en sus manos y sus palabras, más allá de cualquier escenario.
La marioneta o títere de varilla son otra cosa y también les enseñaré como se hacen. Pero nunca fueron los nuestros. Los poetas trashumantes, que iban de pueblo en pueblo, usaban títeres de guante. Todo lo demás era para la gilada, como tantas cosas en el arte.
Hagamos la salvedad que había compañías de marionetas internacionales, como los Puppi de Podreca, que eran maravillosos y que hacían representaciones espectaculares. Pero eso eran situaciones especiales.
Siendo pequeño conocí a Sara Bianchi y Mané Bernardo, ya en ese entonces tenían en mente crear el museo de títeres. Al igual que mi padre muchos nunca le enviaron alguno de sus muñecos para ese fin y por ello hoy no figuran. Pero eso no quita que deberían tener un espacio que los recuerde porque fueron los que alimentaron la profesión de titiritero. No eran los cajetillas que se movían cómodamente en Buenos Aires. Eran los que recorrían los caminos de los diferentes pueblos, sin detenerse demasiado en ningún lugar, haciendo amigos transitorios en cada sitio, dándoles ese color romántico a los magos de los muñecos, que a veces eran la única expresión de libertad que se filtraba entre las rejas de los dictadores.
En un papelito pequeñito, que muy pocos leen, se recuerda a los hermanos Di Mauro. Ni se menciona a Pepe Ruiz, que con su teatro del Tío Pepe, seguía los pasos del más grande de todos, el heredero directo de los Títeres de Cachiporra de Federico García Lorca, que con su carreta, llamada “La andariega”, con su infaltable mameluco, su barba y su panza, el enorme Javier Villafañe, llevó la alegría y el mensaje titiretil a los rincones más alejados de nuestra América.
Es una pena que lo que debiera ser un reservorio de la memoria para aquellos que no vivieron ese maravilloso mundo no los tenga en cuenta y se regodeen en la actividad de algunos que se movieron en la comodidad de su capacidad diplomática o política. Pero así es la vida.
Sin embargo la memoria no muere, la llama se mantiene viva en todos aquellos que alguna vez se entusiasmaron y gritaron frente a esa ventanita donde, se abría el cortinado, para acceder a un mundo de fantasía y de arte.
Los que tuvimos la suerte de ver, como yo, a los presos de la cárcel de Azul, entusiasmarse  con los títeres de Javier, con su teatro del Paraguas, no pueden olvidar ese mundo de maravillas.
Y no puedo dejar de rendir mi homenaje a los Títeres Cololem (Colonna-Lembi). Pionero en muchas de las técnicas, que sorprendían y copiaban todos aquellos que visitaban mi casa o con los que nos encontrábamos en el olvidado Festival de los Niños en Necochea.
Y permítanme que, inmodestamente, agregue aquí al teatrillo Colosan (Colonna-Sanguinetti) que con mi amigo/hermano Néstor Sanguinetti animábamos permanentemente las fiestas familiares.
La visita al Museo Argentino del Títere, movió muchas cosas dentro de mí. No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Es una pena que solo sea un muestrario de algunas cosas y no de las más importantes, pero como siempre le digo a Mirta, “uno es más que cero”.


jueves, 25 de agosto de 2016

UNA PARROQUIA Y EL ARTE


LA PARROQUIA DE SANTA ANA EN GLEW
(Un mundo igual pero diferente)

He tenido la suerte de recorrer varias veces la Capilla Sixtina, haber disfrutado con los murales del Giotto en Asis, en el convento de San Francisco,  o extasiarme con el entierro del Conde de Orgaz en Toledo. Me he maravillado con esas y otras muchas obras de arte, pero la sensación que experimenté al sumergirme en el universo increíble de la Parroquia de Santa Ana, en Glew, no creo tener palabras para poder describirla.
Frente a la Sagrada familia llegué a comprender lo que es el hombre. Mi tremenda pequeñez ante la grandiosidad de la creación. Cuando entré en la parroquia de Glew sentí lo que, supongo, debería ser el paraíso. Y debo aclarar que no soy creyente, que no puedo, sinceramente, ser hombre de fe.





Veinticuatro años tardó el maestro Soldi, veinticuatro veranos, en completar la obra más maravillosa que he tenido la suerte de poder contemplar. Dedicado a la vida de Santa Ana, incluyendo el nacimiento de María y luego el de su nieto, Jesús, nos va llevando con la mansedumbre de sus colores pasteles y sus figuras casi ingenuas, para contarnos una historia que se hace real porque todo está contexturizado en la propia población de Glew.




Los edificios que contemplamos son muchos de los que luego podemos ver en la vecindad y la cara de la gente que acompaña a la santa no es más que el rostro de los vecinos del lugar. En el coro hay muchos de ellos y la baranda del mismo se repite de tal manera que cuesta separar el real del imaginado. Incluso hay un ángel negro que es la imagen de la maestra del pueblo, que tenía la piel de ese color.






Soldi fue escenógrafo y luego pintor. Aquí aunó ambos oficios para recrear una atmósfera que envuelve al visitante y lo transporta a un mundo diferente.

Absolutamente real, pero diferente.







viernes, 29 de enero de 2016

PARTE I El Atlas de Recoleta

PARTE I: El Atlas de Recoleta.
Día de calor en Buenos Aires. El termómetro marca 36° y la televisión informa que la sensación térmica es de 40°. Ese día habíamos decidido ir a ver el Atlas de Recoleta. Martu Novo, nuestra amiga de Facebook nos había contado de su existencia y queríamos verlo.
Cuando dejamos el auto, y su aire acondicionado, recibimos una bofetada caliente que hizo que los planes previos cambiaran sustancialmente, aunque, bien pensado, fue mucho  mejor.



Frente al Cementerio de la Recoleta, en el otro extremo de la plaza, allí donde la calle Callao choca con el verde de los canteros. Desde donde la figura del “Aguilucho” Oscar Alfredo Gálvez nos mira sin importarle la temperatura reinante, está, posiblemente, uno de los gomeros más antiguos de la ciudad. Ha visto la historia de la pequeña colonia, su epidemia de fiebre amarilla, la retirada de la gente hacia el norte, la creación de un cementerio que hoy es un fenómeno turístico, y mientras tanto creció, creció y creció. Hoy anciano ya casi no puede sostener sus largas y pesadas ramas y entonces se le han colocados sostenes, rústicos bastones, que lo ayudan a seguir transitando y contemplando la historia que vamos escribiendo diariamente. Pero astutamente a alguien se le ocurrió que uno de sus pilares fuera Atlas, ese coloso que sostenía al mundo. Por qué no ayudar, entonces, a este viejo gomero. Y allí está. De metal, reciclado, imponente, concentrado en su trabajo de mantener en pié a un documento vivo que sigue dando frutos y sigue creciendo.








Hasta allí llegamos, sacamos las fotos correspondientes, pero la caminata que pensábamos hacer por avenida Las Heras quedó para otro día. Decidimos cambiar nuestro destino y dirigirnos al Cantro Cultural Recoleta (CCR) y esto nos resultó tan alucinante y representativo de la sociedad actual que merece un párrafo aparte. De allí que esta sea la parte uno de un mismo día. 




martes, 17 de noviembre de 2015

HOY MÁS QUE NUNCA (Un hombrecillo con un sombrero azul)

Hace tiempo, cuando mi hijo era pequeño, escribí un cuento para él. Siempre he tratado de transmitirle mensajes a un Diego que, siendo mucho más inteligente que yo, los captó inmediatamente, los incorporó y hoy les ha agregado cosas de su propio peculio que las ha hecho mucho más valiosas. Esta una historia de un ogro muy malvado que aterrorizaba a todo un pueblo exigiendo que lo alimentaran. El gnomo del sombrero azul consiguió atraparlo y dejarlo a su suerte en la cima de una montaña. Los pobladores solía escuchar los gritos del gigante hasta que un día no se lo escuchó más.
Este es un fragmento del cuento. En el pueden deducir cual es mi pensamiento. Cuál es la idea que le transmití a mi hijo y he tratado de traspasar a todos aquellos que están en contacto con las cosas que escribo. Espero que a alguno también le sirva. Hoy más que nunca.
Dice asi:


Un día alguien exclamó:
- El ogro ha muerto, el ogro ha muerto !... -
Todos se detuvieron de golpe.
El herrero sostuvo el martillo justo un segundo antes de golpear sobre el yunque; el maestro , en la escuela, se quedó con la tiza en el aire sin terminar de escribir la palabra que estaba enseñando a los chicos; hasta el cura retuvo con fuerza la cuerda de las campanas para que no las moviera ni la mas leve brisa.
Se hizo un silencio total.
Y ahí se dieron cuenta de que el gigante ya no gritaba.
Como una procesión todos los habitantes del pueblo fueron hacia el sitio donde el gigante yacía, con su brazo aún estirado... sin haber podido zafar de su prisión.
- Está muerto? - Preguntó el Intendente.
- Está muerto!... - Exclamaron todos.
- Pobre... se murió de hambre. - Dijo uno.
- Y de sed - Dijo otro.
- Y de frío... - Agregaron los demás.
Una sensación de culpa y remordimiento cayó sobre todos. Es cierto que era malo... muy malo... pero su muerte había sido cruel... demasiado...
Todos bajaron sus cabezas.
Nadie levantaba la mirada del suelo.
Quizás por eso fue que no pudieron explicar de donde apareció el Hombrecito del Sombrero Azul, al que, sin notarlo, hacía tiempo que nadie veía.
- Ejem, ejem - carraspeó - Buenos días. -
Nadie contestó.
- BUENOS DÍAS... HE DICHO BUENOS DÍAS !!!... -
- Hoy no es un buen día - respondió el Intendente.
- Por qué?... No ha muerto el ogro?... El gran enemigo del pueblo... -
- Si, es cierto... ha muerto el ogro... y por eso no es un buen día... Nunca es un buen día cuando alguien muere...
ni siquiera un enemigo... -
- Pero no era eso lo que querían? -


- Si... pero no... Uno no lo piensa hasta que ocurre... -

lunes, 2 de noviembre de 2015

EL TEATRO HOY

EL TEATRO HOY 
Si observamos la oferta teatral no llama la atención que en lo que se conoce como el circuito comercial no hay grandes ofertas. Muy pocos actores de raza hoy están pisando las tablas con obras de cierta envergadura, que sean un atractivo para aquellos que disfrutamos de este medio. Por otro lado las pocas que sobreviven lo hacen a valores que para el gran público son algo más que prohibitivas. Esto ha provocado un fenómeno muy interesante. Una explosión de los pequeños teatros, algunos simples salones de alguna casa con una serie de sillas y los actores actuando a ras del piso. Todo con una inversión mínima. Y acompañando a esto algo notablemente interesante: la aparición de los actoautores. Yo lo hago y yo lo vendo.
Si recorremos la agenda teatral nos vamos a encontrar con una cantidad inusitada de pequeñas salas, algunas bien y otras muy mal ubicadas, muchas con carencias importantes; en un octubre que ha tenido las temperaturas más bajas de la historia, no tener un lugar donde esperar la habilitación de la sala y verse obligado hacer una fila (las localidades no son numeradas sino por orden de llegada) a la intemperie, muchas veces en horarios extremadamente avanzados, conspiran con el éxito de una obra que podría gustarnos pero que ya nos predispone mal para el posterior análisis. Generalmente carecen de los elementos técnicos que serían una gran ayuda para muchos de los actores, porque, y esto es muy importante, no están todos los que quisieran sino aquellos que pueden. Qué significa esto. Que si bien los precios son más acomodados, al ser tantos y no estar en el área céntrica carecen de público. Los actores trabajan gratuitamente y hasta, muchas veces, pagan para poder estar sobre el escenario. Pero todos, sin excepción, tienen que tener otro trabajo, que les permita sobrevivir o alimentar a su familia. Con lo cual debe deducirse que no todos están en condiciones de subirse a ese tren. Decía que carecen de los elementos técnicos como micrófonos individuales o de ambiente, que realce su voz, dificultad con la iluminación y una escenografía absolutamente precaria, con la necesidad de remplazar el telón de boca con luces apagadas, que no siempre están bien coordinadas. Claro los buenos técnicos no siempre están para este tipo de representaciones.
Y a todo esto se suma aquello que mencioné antes. Es bastante frecuente que las obras hayan sido escritas por alguien que está luchando por hacerse un nombre, pero que solo un golpe de suerte lo hará llegar a los grandes círculos. En muchas ocasiones el mismo autor es uno de los que representan la obra, lo que no quiere decir que realmente estén en condiciones de hacerlo. Esto, por supuesto, tiene la ventaja de abaratar las cosas. No hay que pagar regalías por la representación de una obra conocida y si encima el propio autor la actúa nos ahorramos un presupuesto o, como decía antes, le resulta posible juntar la gente que puede tener el tiempo para ensayar y actuar, más allá de su trabajo diario.
Y voy a agregar un pequeño detalle que creo es importante para tener en cuenta. El cine es magia. En el puedo hacer cosas que normalmente no serían posible. El cine permite argucias y trucos para darle el sentido a la historia que se pretende transmitir. Por el contrario el teatro es la vida misma. No hay más magia que la que ponen los actores en su interpretación. Cuando conversamos con alguien, cuando tenemos una disputa o nos reunimos a tomar un café, no hay música de fondo. Más aún, a veces, hasta resulta molesta si algo está sonando cerca nuestro y es habitual que uno diga vamos a otro lugar menos ruidoso, donde podamos charlas con tranquilidad.
Pues bien, se ha puesto de moda ponerle a las obras música de fondo. Y esto es todo un problema porque el actor no solo tiene que luchar con la falta de medios técnicos, es decir, actuar, como en la antigua Grecia, a grito pelado, sino que encima tiene que competir con una musiquita que lo invade todo, no siempre tiene relación con lo que está ocurriendo, y dificulta la audición, porque, por si no lo pensaron, la mayoría de los espectadores son gente grande, que con altísima frecuencia tienen problemas de audición, y muchas veces no llegan enterarse “de que se trata”.

Dicho todo esto, me saco el sombrero para hacer una reverencia a todos aquellos que con mayor o menor aptitud, pero con igual garra, con el mismo deseo, hacen el tremendo esfuerzo por alcanzar sus sueños, e indirectamente por alimentar los nuestros. Por hacernos la vida más llevadera, por tratar, lo logren o no, contarnos una historia, transmitir un mensaje, regalarnos el mejor arte que pueden tratando de que podamos recibir esa emoción que ellos sienten cada vez que se presentan ante el público. A todos ellos gracias. Más allá de los comentarios que posteriormente haré de cada una de las obras que he visto en los últimos días, gracias por ese esfuerzo, por esas ganas, por no dejarse vencer y seguir luchando para alcanzar el otro extremo del arco iris.

CUATRO OBRAS

CUATRO OBRAS

El loco y la camisa.

Una obra con toda la tecnología de un buen teatro como lo es el Picadero y nada más. Una buena actuación de quien hace el personaje del hijo, en una obra sin contenido, absolutamente chata. Sin nada que motive al espectador. Una trama lisa, sin subidas y bajadas como se podría esperar de una obra teatral, que comienza, transcurre y termina sin que el público se entere. Un desperdicio. Mientras la veía pensaba cuantas otras obras de mucho menor presupuesto merecerían tener esas posibilidades y esta, que no tiene más altura que la de una estudiantina, con actuaciones de muy discreto nivel, salvo alguno de los artistas que es mucho peor que la gran mayoría.

Romina y Julián.

Una idea original en donde la propuesta es que pasaría si los personajes estuvieran cambiados de sexo. No que fueran travestis sino que la historia se diera a la inversa. Romeo en este caso es Romina y Julieta indudablemente es Julián. ¿Qué pasaría? Es la pregunta y la respuesta es que no pasa nada. Simplemente asistí a una representación de Romeo y Julieta con los personajes cambiados por un simple antojo del autor, porque no le alcanzaban los varones para hacer la obra como la escribiera Shakespeare o vaya uno a saber que se propuso originalmente y finalmente se perdió y todo quedó como era originalmente. Una muy buena interpretación, donde los actores muestran una verdadera preparación, pero desgraciadamente para hacer una obra que no va de acuerdo a la época en que vivimos. La declamación es complicada y soportar una obra totalmente shakesperiana es realmente intolerable. Uno se queda esperando un vueltita de rosca, algo inesperado que justifique la variante, y se va con el desasosiego de haber asistido a una representación más, con muy pocos elementos, y muy poca imaginación.

Ángeles caídos.

Una obra de muy buen nivel. Muy bien escrita, muy bien desarrollada, que dice mucho de muchas cosas. Es un momento en la relación entre Salvador Dalí y García Lorca. Realmente para sacarle el jugo, lamentablemente, aquí es donde nos encontramos con las dos calamidades del teatro subterráneo actual. El autor interpreta a Salvador Dalí y no so no da ni de lejos el aspecto o la figura del pintor catalán, sino que además es un pésimo actor. Realmente junto con la actriz que encarna a Gala se encargan de destruir todo lo bueno que podía ofrecer esta obra. Quien representa a García Lorca da mucho mejor el personaje pero también es de escasos recursos actorales. La única que demuestra tener pasta para esto del teatro es quien hace el personaje de la enamorada de Federico, pero ella sola no es suficiente. Para empeorar la cosa,  durante toda la obra una música que nada tiene que ver con la escena atruena sobreponiéndose a las voces de los pobres actores que mal recitan sus papeles, lo cual hace que no se escuche su actuación, no sé si para mal o para bien del espectador. Las luces mal manejadas a veces no dan el sentido de la escena y el sonido demasiado fuerte no es lo suficientemente adecuado justamente cuando tiene que sonar imperativo para mostrar la tragedia del asesinato o fusilamiento de Federico García Lorca. Una pena. Hay veces que sería muy importante tener la suficiente humildad para darse cuenta que por más que le guste todavía le falta mucho para representar un papel dignamente. Al menos como escritor realmente podría haberse lucido.

Leonardo

Tanto la obra anterior, como esta, la presencié en el Teatro Columbia.  Un nuevo teatro pequeñito que se ha abierto hace muy poco tiempo anexo al Hotel Columbia, en una muy buena ubicación en calle Corrientes. Pocas plateas suficientes para albergar al escaso público. De cualquier manera cómodo pero con las plateas mal distribuidas. Cuando no hay escenario todos los asientos tienen que estar tipo anfiteatro, una elevada en relación a la anterior. Aquí las cuatro primeras filas están horizontales lo que hace que al que le toca la cuarta fila difícilmente pueda ver si alguna escena ocurre en el suelo. Según me dijeron, charla de pasillo, uno de los dueños es el actor y director de esta obrita, con lo que se puede dar el gusto de actuar para un público que si está alojado en el hotel tiene la entrada en forma gratuita. Una obra simple y tonta, que no dice absolutamente nada. Con un desarrollo forzado y bastante sin sentido. Casi infantil. Sin embargo es de rescatar la actuación de los cuatro integrantes del elenco. Una pequeña diferencia a favor del que hace de mucamo, pero podría ser por el papel que le toca hacer, en el que se desempeña con muchísimo oficio. Para simplificarlo, y no perder el tiempo, una buena actuación para una mala obra.
Como habrán notado no he puesto en ningún momento el nombre de los actores. Siempre me gusta darle una segunda oportunidad a todo el mundo y me gustaría verlos en otra obra, en algo bien escrito, con mejores medios o con un director con más conocimiento.
Antes de estas obras fui a ver Be Happy y Apaga la luz, donde el director, en las dos, era diferente al autor, y en las que con mucho menos medios que las anteriores se pudo ver a verdaderos actores, con una magnífica interpretación, en dos obras de muy buena factura.


Hay de todo en el reino del señor. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

SEXALESCENCIA

La Sexalescencia
SI miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años:
LA SEXALESCENCIA. Es una generación que ha echado fuera del idioma la palabra "sexagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de envejecer. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde el 5º piso del departamento.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres habían sido educadas a obedecer y ahora pueden ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado en ocupar.
Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60′, en aquellos momentos de su juventud en los que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar qué quería en realidad. Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, algunas estudiaron una carrera universitaria junto con la de sus hijos, otras eligieron tener hijos a temprana edad, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO, S.A.". Este tipo de mujeres nacidas en los 50s. no son ni por equivocación las clásicas "suegras" que quieren que los hij/as les estén llamando todos los días, porque ellas tienen su propia vida y ya no viven a través de la vida de los hijos. Su camino no ha sido fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "sesenta o setenta"", hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias. Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo… y a otra cosa.
La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo… Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de 60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo…hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI.

Autor desconocido.

miércoles, 15 de julio de 2015

LA VERDAD DE LAS COSAS V

Voy a contar una historia. Una historia real. Una historia que atañe a todo el mundo pero que pocos conocen por ignorancia o por mala información.
Hace unos cuantos años atrás el médico fisiólogo y premio Nobel, Bernardo Houssay, escribía en su libro sobre fisiología humana. Hay dos tipos de colesterol. El endógeno y el exógeno. El que el organismo produce y el que ingresa al organismo a través de la dieta. Hay un balance entre ambos para mantener valores estables de este lípido imprescindible para una cantidad de funciones fundamentales para el buen funcionamiento del organismo, de manera que sus valores se mantengan estables.
Hace cuarenta años un médico y fisiólogo japonés determinó que los niveles de colesterol en el organismo no incidían en ninguna patología, sino que una alteración en la pared de las arterias hacía que este lípido entrara en su espesor y allí quedara atrapado. Su transporte hacia los tejidos no podía realizarse por una falla enzimática o del proceso químico, lo que hacía que se formaran los temibles ateromas, que eran los culpables de las obstrucciones vasculares.
Los laboratorios nunca pudieron encontrar un medicamento que resolviera este inconveniente pero si lograron drogas que disminuían el colesterol en la sangre. Frente al conocimiento que ya teníamos era evidente que esto siempre fue un absurdo, pero también descubrieron que era un negocio extremadamente productivo y dirigieron toda su publicidad a hacer creer que el colesterol era el gran enemigo. Tanto hicieron que hasta convencieron a los médicos de que esto era así y, de esta manera, consiguieron los efectores más perfectos para sus planes.
Hace diez años atrás yo padecí de un evento cardiológico, en buen cristiano esto significa que tuve un infarto en el miocardio. Yo hice el diagnóstico y recurrí a los especialistas para mi adecuado tratamiento. Me salvaron la vida porque, dos días después, el infarto me produjo un bloqueo aurículo ventricular con lo que mi corazón fue latiendo cada vez más lentamente hasta llegar a los 20 latidos por minuto. Consiguieron revertir el cuadro y desde entonces, hasta la fecha, no he vuelto a tener ningún tipo de sintomatología y desde, el punto de vista científico, los exámenes han dado una recuperación perfecta.
Pero es aquí donde viene lo tragicómico de la situación. En primer lugar digamos que he sido atendido por un número bastante considerable de colegas que tomaron sus decisiones. Mientras estuve internado me hicieron más de una historia clínica y fui interrogado varias veces por los residentes, o sea aquellos que están aprendiendo a actuar como médicos de una especialidad y tienen bien frescos los conocimientos que les impartieron en la facultad. Ninguno, ni los unos o los otros, realizaron la anamnesis con la minuciosidad o la profesionalidad debida.
Hete aquí que siempre he cumplido con las normas médicas que yo mismo solicitaba a mis pacientes y constantemente me he realizado controles de laboratorio periódicos. Nunca tuve niveles elevados de colesterol. La relación LDL/Colesterol total dio siempre valores fuera de riesgo. El peso, que en ese momento tenía, estaba totalmente de acuerdo a mi altura, de acuerdo a las reglas médicas (totalmente erróneas, pero vigentes), y con mi esposa, caminábamos entre ocho a diez kilómetros, tres veces por semana. Más aún, como frente al estrés de la cirugía había notado una levísima tendencia a un incremento de los valores de la tensión arterial, decidí, por mi cuenta, realizar un electrocardiograma de esfuerzo, que dio como resultado una total normalidad y sin riesgos de isquemia posibles.
Consecuencia, nadie pudo explicar el motivo de mi infarto. Lo atribuyeron a demasiado trabajo, al estrés de mi actividad (el infarto se produjo justo cuando iniciaba las vacaciones) y me mandaron a que disminuyera todo tipo de ingesta de colesterol y hasta me medicaron para ese fin. (¿?)
Estando internado descubrí una realidad que no había experimentado ni me lo habían enseñado en tantos años de médico. Hay una gran mayoría que habrán observado, y protestado, lo que es la comida de hospital. Mi razonamiento fue diferente. Aquí estoy para resolver mi problema. Si esto es lo que me traen para comer quiere decir que esto es lo correcto. Indudablemente yo estoy comiendo mal, fundamentalmente en cantidades inadecuadas. Cuando me dieron el alta decidí seguir con la misma conducta. No me costó demasiado trabajo y, al margen de comer sin sal, sin alimentos con grasas, y en una cantidad adecuada adelgacé quince kilos en un tiempo relativamente rápido y descubrí que había vuelto al peso que yo tenía cuando mi edad era de 25 años. Con lo que descubrí dos cosas fundamentales. Una: No es cierto que con la edad uno deba incrementar su peso. Dos: Que manejamos muy mal la comida, la transformamos en un centro que no debe ser y que su función es solamente mantenernos con salud y sin hambre. Nuestra metas tienen que esta dirigidas hacia otros universos.
La sorpresa fue cuando realicé los análisis que hacía de rutina y encontré que mi colesterol había descendido a valores alarmantes, estaba en lo que se conoce como una hipocolesterolemia, que también es una patología y que no es buena de ninguna manera. Cuando lo comenté con el especialista insistió en continuar con la medicación. Como voy al médico para hacerle caso y no hacerle perder su preciado tiempo, decidí aumentar mi dieta grasa, de allí las porciones de torta que me suelen ver comer. Lo que no saben es que es la única porción, el resto de la comida sigue siendo la misma, la cantidad otro tanto y el ejercicio, la caminata, exactamente igual. Con lo que llegamos a la tercera conclusión: haciendo bien las cosas se puede comer el régimen rico y variado sin ningún inconveniente. Aclaro que desde el 2005 a la fecha, estoy exactamente en el mismo peso.
Pero lo interesante es que nadie supo nunca el porqué de mi infarto. Cuando me hacían la historia clínica quedaban mirándome sin entender que era lo que había sucedido. Y lo que es peor, nunca se preguntaron en que se estaban equivocando. Yo si lo sabía pero dejé que lo descubrieran por sus propios medios, cosa que hasta este momento nadie ha hecho.
Pocos saben que muchos de los accidentes vasculares obstructivos, cardíacos, cerebrales, pulmonares, mesentéricos, etc., no tienen relación alguna con el colesterol sino con placas de calcio que se depositan en las paredes de las arterias y allí permanecen sin traer problemas hasta que alguien las sacuda, las rompa o se desprendan y así vayan a ocluir arterias más pequeñas.
Y eso fue lo que me ocurrió. La mayoría de mis arterias están calcificadas (lo dijo el médico que me hizo la arteriografía y al que nadie escuchó) y la taquicardia que me produjo la epinefrina de tres anestesias odontológica continuadas que se me había practicado dos días antes. Las dos cosas, azarosamente unidas, fueron las causantes del episodio que lógicamente tenía que ocurrir. Nadie preguntó sobre ese punto. Está en el protocolo del interrogatorio, pero se lo saltaron olímpicamente y nunca nadie volvió a preguntar dando, por descontado, que era el perseguido y malhadado colesterol, el malo de la película, y que, en realidad, es el “perejil” de la historia. El pobre colesterol cumple su función lo mejor que puede, mantiene el equilibrio que el organismo necesita y sufre una persecución implacable sin pensar en el daño que se está produciendo, por conveniencia de los benditos laboratorios, que nos contaron el cuento de caperucita roja y nosotros lo creímos a pie juntillas.
¿Por qué ocurre todo esto? Simplemente por la medicina “fast” que estamos practicando. Y esto es por la enseñanza “fast” que brindamos a nuestros jóvenes desde la escuela primaria hasta la universitaria. ¿Estimulamos el pensamiento, el razonamiento, la curiosidad? Por supuesto que no. las cosas son y no se discuten.
Lo primero que aprendí cuando inicié mi carrera fue que “no existe la ley de autoridad”. Porque lo haya dicho quien lo haya dicho, por más laureles que tenga, no tiene por qué ser cierto. Siempre hay que plantearse la duda. Siempre hay que darse la alternativa a descubrir una ruta diferente. Eso es lo que hace a esos individuos que marcan la diferencia. Porque los hay, por suerte genéticamente todavía quedan seres humanos que tratan de pensar, que no se conforman con lo que le dicen, que no se amilanan ante las medallas que luce un individuo sobre su fastuoso pecho. La historia nos ha enseñado que las verdades de hoy son las mentiras de mañana.

Ojalá hubiera muchos que se detuvieran, tan siquiera un momento, a pensar en lo que están haciendo y lo que están logrando. Poderoso caballero es don dinero… ¿Pero hasta dónde?... Hace mucho tiempo se dio una película, de la época del neorrealismo italiano, que se llamó “Bisturí, mafia blanca”. Y en el final el médico, que se había dedicado a lucrar indecentemente con su profesión, descubre que está enfermo. Angustiado habla por teléfono con su madre y le dice: “¡Mamá… estoy enfermo!”, a lo que la madre le responde “Hijo, con el dinero que tú tienes puedes hacerte atender por el mejor”. Y entonces el exclama: “Si… ¿Pero con quién?”.

martes, 14 de julio de 2015

LA VERDAD DE LAS COSAS IV

 

 Aprendí medicina a la vieja usanza. En realidad esto es una falacia porque la ciencia médica siempre ha sido una y los conceptos básicos no pueden cambiarse aunque la tecnología evolucione y el tiempo vaya pasando.
La observación del paciente, entenderlo como un todo donde cualquier enfermedad va a dar múltiples signos y síntomas que el médico va a poder observar. El interrogatorio exhaustivo para conocer las características de la enfermedad, los antecedentes familiares que pueden dar una orientación cierta, sus antecedentes personales que definen posibilidades patológicas. La lectura detallada de los valores de las pruebas de laboratorio, que se complementan, y ayudan a sumar a la sintomatología invocada. Y hoy, la observación minuciosa de los distintostipos de estudios que se le pueden solicitar, guiados por todo lo anterior, hacen que la posibilidad de diagnóstico sea mucho más certera y se facilite, con lo que se agiliza el tratamiento y la cura, cuando esta es posible.
Todo eso, en cualquier especialidad que sea, lleva un tiempo que no puede obviarse. Se ha establecido que una consulta no puede durar menos de media hora, lo que es algo lógico. Y si se presta atención dice no menos pero no dice cuanto más.
Los sistemas actuales han ido reemplazando al médico por lo que yo llamo técnicos de la medicina. Individuos que en quince minutos o menos tienen que “sacar “ al paciente. Y alguien que daba una charla, hace unos días, decía: “al menos te dan un diagnóstico”. ¿Es eso cierto? En algunos pocos casos si. En una mayoría o dan un mal diagnóstico o derivan al paciente hacia un especialista que no ve más allá de que lo que es su especialidad y que recibirá al enfermo después que su enfermedad ya haya avanzado, según cuanto sea la demora en conseguir el turno.
Cuando fui estudiante nos enseñaron que el 70% de las enfermedades tienen un componente sicológico. El enfermo entra al consultorio con temor, con la angustia de no saber que le van a decir. La primera función del médico es manejarle esa angustia. Hacerle sentir que a partir de ese momento frente a él hay alguien que se va a preocupar por su problema y va a hacer todo lo posible por ayudarlo. ¿Cuánto tiempo lleva eso? ¿Se puede medir en la unidad de tiempo o debe mensurarse en relación a la necesidad individual de cada paciente?
Todo eso es lo que nos enseñaron y le enseñan a los médicos en la actualidad. Es muy bonito, lástima que choca con la realidad. Cuando el joven pasa de ser un estudiante avanzado a un médico recién recibido, se ve obligado a trabajar para alguna empresa prestadora de atención médica y cuya única finalidad es la económica. Obligan a aquel que se inicia a atender cuarenta pacientes en una hora, cosa que resulta imposible, salvo que ni siquiera salude a la víctima, no la haga sentar, no la revise y la medique con lo que le parece, según la respuesta a una o dos preguntas que le hace a gran velocidad. Algunos tratan de escapar por el lado de la cirugía, suponiendo que el cirujano opera y no tiene relación alguna con el paciente. Nada más falso. En un conocido hospital público, destinado a la cirugía, el primer paciente que operaron por una apendicitis, en realidad padecía de una inflamación del ciego y le quitaron el apéndice sin ninguna necesidad.
Podría seguir hablando, y mucho, de la actividad médica, de su obligación del conocimiento farmacológico de los productos que usa o de los que está usando su ocasional paciente, de su perfeccionamiento permanente y actualización obligatoria, etc., pero, en realidad, quiero referirme a algo mucho peor. Algo mucho más grave. El paciente. El paciente y su increíble ignorancia.
Habitualmente, ya que hay excepciones, el paciente padece de una enfermedad común que es la ignorancia y la soberbia. Unos más que otros, pero al fin, podría decir que todos caen en la misma bolsa.
Normalmente cuando llegan a la sala de espera preguntan cuánto les falta. Si el tiempo a esperar es mucho protestan sistemáticamente, pero si encima el médico tarda en la consulta lo que menos hacen es preguntar si está operando. Comienza el zum-zum suavemente y termina generalizándose la protesta en la sala de espera. Cuando entran a la consulta posiblemente tarden lo mismo que el anterior y se irán felices de que encontraron un médico que los atendió como corresponde, cumpliendo con todos los pasos que la medicina enseña. Sin embargo muchos no habrán de volver a la consulta. “No.. es que tarda demasiado… y para hacer un par de anteojos o una conjuntivitis me voy a cualquier lado… ahora si el problema es serio, entonces si… vuelvo”. “Yo soy de la obra social Pirulo… y no tengo por qué esperar tanto” creen que por que tienen un Prepago caro tienen más derecho que cualquier otro ser humano. La medicina no sabe de diferencias. Todos son iguales y tienen el mismo derecho a ser bien atendidos. Por otra parte mucho de esos privilegiados que pueden pagar prepagos “alta gama” no saben que su obra social le paga menos al médico que un paciente particular o uno que sea de PAMI. Y lo que es peor discuten, porque ya se han leído todas las malas informaciones de Internet, cualquier medicamento que uno puede indicarle. Además, se automedican como si la carrera de medicina fuera tan fácil que se puede aprender en un artículo de una revista de modas.
Lo más interesante es que a muchos de ellos los vamos a encontrar esperando su turno para comer en algún restaurante de moda o  haciendo la cola en un banco sin protestar ni decir palabra alguna. ¿Puede ser posible que para comer algo, que posiblemente les haga daño, son capaces de esperar todo el tiempo que haga falta y para hacerse atender por el médico que les puede salvar la vida protesten con entusiasmo digno de mejores causas?
Hoy estamos frente al mundo “fast”. Comida rápida, pago por cajeros, autoservicios, y hasta medicina “fast”. “Al menos te dan un diagnóstico”.
Por suerte siguiendo nuestra línea de conducta, respetuosamente, sin esperar a que nos descarten por viejos, mi esposa y yo nos hemos retirado. Ya no ejercemos esa medicina, que nuestros maestros nos enseñaron y que pusimos al servicio de nuestros pacientes por cuarenta años.
Lo único que nos preocupa, en la actualidad, es que estos “técnicos médicos” son los que nos van a tener que atender a nosotros, en un futuro no muy lejano.


miércoles, 27 de mayo de 2015

COSAS QUE PASAN

Miró a su compañero e hizo la seña habitual. El otro asintió.
Respiró profundamente y se dispuso a seguir con los pasos correspondientes.
Atravesó la puerta que quedó hamacándose, yendo y viniendo, y fue a tomar un café en la sala vecina.
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Entró al cajero y colocó su tarjeta. Presionó los botones marcando la clave y realizó la transacción. En realidad intentó realizarla porque aparecieron unas letras grandes y blancas que rezaban: “lo siento, no hay dinero disponible”.
Insultó por lo bajo y se dirigió al interior del banco. Buscó los números para clientes y tomo uno. Miró en el cartel: 135, él tenía el 172. Se sentó y esperó pacientemente. Luego de cuarenta y cinco minutos apenas le faltaban diez números. Finalmente le correspondió su turno. – Lo siento señor, si tiene tarjeta debe cobrar por el cajero - - Pero el cajero no tiene dinero - - Lo entiendo pero no hay otra solución – y el empleado del banco llamó al siguiente turno sin prestarle más atención.
Se fue sin entender nada. Era su sueldo. No se lo podían negar. De hecho su patrón había hecho el depósito, pero por una simple disposición y la falta de preocupación de algún funcionario, no podía disponer de lo que era suyo.
Recordó que muy cerca, a una cuadra y media, había otro banco que operaba con la misma red. Fue presuroso. Había dos cajeros. Uno externo y otro dentro de la institución. Se dirigió al que estaba dentro.   – Lo siento señor, este cajero es solamente para los clientes – Le explicó el guardia de seguridad del banco - ¿Puedo ir al de afuera? - - No funciona – exclamo y se alejó antes que le pudiera hacer cualquier otra pregunta.
Subió al auto desorientado. No estaba seguro qué podía hacer. Hoy tenía varios vencimientos pero tendría que pasarlos para la segunda fecha, claro más caro, pero no le queda otro remedio. No había andado treinta metros y un agente de tránsito le hace señas para que se detenga y estacione entre los conos. Un control de rutina. Trató de armarse de paciencia y esperó. – Buenos días señor… ¿Me permite los documentos? – Le alcanzó el registro, la cédula verde y la última patente – Necesito el comprobante de la verificación técnica - - Ehhhh… No… no la tengo…. Fíjese que está roto el espejo lateral… me lo rompió una moto… y no puedo conseguir el repuesto…por las trabas en la importación, y si no lo repongo no me aprueban – El agente, desde su casco pone cara de serio y le dispara – Es una falta grave… ¿Sabe que la multa por esto va de los $ 600 a $1400 ¿No? – Le falta hacer un guiño. Es fácil de comprender. Mete la mano en el bolsillo, saca uno de los pocos de 100 que le quedan y disimuladamente se lo pasa cuando el policía le devuelve el resto de los documentos – Gracias, oficial… es un problema – El hombre se corre y con autoridad hace frenar al tránsito para que él pueda salir. Necesita el espacio para enganchar a algún otro.
Se va insultando por lo bajo. El tránsito endemoniado lo obliga a concentrarse. De cualquier manera nota que está en la autopista en el máximo de la velocidad permitida y tiene un vehículo de alto porte pegado a su paragolpes trasero. El tipo de atrás le prende y le apaga las luces. No sabe si correrse y cederle el paso o esperar a que lo pase por la derecha. Pone la luz de giro para cambiar de carril. Los que conducen paralelo a él, al ver la luz aceleran y le ocluyen toda posibilidad de hacer el cambio. Se apuran y le cierran el camino. Espera con el otro casi empujándolo. Ve un hueco y se desvía para dejarle libre la vía, una moto de alta cilindrada, pasa a centímetros, rebasándolo por la derecha. Casi, casi. El de la moto, que viene como si fuera un corredor, se endereza y lo insulta. Finalmente consigue correrse y el monstruo pica con soberbia. Él le hace un fuck you que el otro no alcanzó a ver. Llega al peaje y con sumo cuidado se va corriendo nuevamente al carril de la izquierda. Tiene el sensor que le permite el paso directo y es la única vía habilitada. Nuevamente todos le cierran el camino. Finalmente consigue su objetivo. La barrera se levanta, obediente, y pasa sin inconvenientes, por el espejo ve que un motociclista se ha pegado a su paragolpes trasero y pasa junto con él. Evitó tener que pagar. Nadie dice nada.
 Llega a su trabajo, hace la señal correspondiente y se dispone a entrar en el estacionamiento. Oh, sorpresa, hay un auto estacionado en la entrada. ¡Dios! Todo los días lo mismo. Algunos que pasan a su lado lo insultan porque está obstruyendo el tránsito. Retrocede y estaciona junto al cordón de la vereda. Ahora tendrá que ver donde se metió el idiota que estacionó donde no debía. – Hola jefe… le cuido el auto, le cuido – aparece un “trapito”. “Trapito” es el nombre que se le da a un grupo de muchachotes que se paran en distintas cuadras y ofrecen cuidar el auto a cambio de unos pesos. Si no le das nada misteriosamente el vehículo aparece rayado. – Esperá que tengo que estacionar adentro… ese bolu me tapó la entrada… ¿Tenés idea a dónde fue? – Está adentro trajo a una vieja que no se podía mover - - Que lo parió… siempre lo mismo –
Cruzó la calle esquivando los autos que aceleraban amontonándose en una hilera interminable y se dirigió a mesa de entrada. – ¡Rosa! – llamó a una de las recepcionistas – Si, mi amor - - Te fijás quien carajo dejó  el auto mal estacionado… tengo que entrar – - Enseguida cariño –
Volvió a su vehículo y esperó. Después de un tiempo, más largo que lo conveniente, apareció un hombre que con ademanes bruscos subió al auto y con toda parsimonia se dispuso a moverlo. Le iba a decir algo pero desistió. Era algo tan frecuente que no valía la pena. Por otro lado seguro no le iban a pedir disculpas sino que, muy por el contrario, iba a tener una discusión.
Entró al estacionamiento y buscó donde dejarlo. Hizo malabarismos porque el único lugar vacío estaba semi tapado por alguien que había ocupado más de una cochera. Le quedaba el espacio justito. Por supuesto tuvo que bajar por la puerta opuesta porque la de su lado golpeaba con la del vecino.
Fue directo al vestuario. Saludó de pasada sin recibir respuesta. Y buscó la ropa para cambiarse. Había un pandemoniun de pantalones y casacas. Alguien había estado buscando antes que él. Por fin consiguió un pantalón que más o menos podía irle y una casaca acorde. Cuando fue a atar la cinta del pantalón estaba rota. – La gran puta… - busca una tela adhesiva y lo sujeta lo mejor que puede. La casaca le queda medio ajustada pero no importa.
Se sienta, busca entre la pila de botas descartables que han sido lavadas para reutilizarlas. Elije un par. Una tiene un agujero en la planta, pero, total no se ve. Busca un gorro. Barbijo, barbijo ¿Dónde corno están los barbijos? Finalmente encuentra uno. Se lo coloca. Como se le empañan los anteojos lo corre y deja la nariz afuera.
-          Buen día, buen día… ¿Qué tenemos hoy? –
-          Una vieja de m…. con más años que Matusalén… no sé para qué carajos la traen –
-          Dale, metele que estoy apurado, ya tengo como cuarenta esperando en consultorio externo –
Se sienta lee el diario mientras espera que le avise el anestesista. Lo llaman. Se dirige hacia el quirófano. Las puertas se abren y se cierran en un vaivén rítmico.
……………………………………………………………………………………
Terminó de tomar su café y se dirigió a la puerta que daba a la sala de espera. Se asomó y con la mejor cara que podía poner llamó con vos ronca y pausada. – ¡Familiar de la señora Altúvez! – Una mujer se levantó con la angustia pintada en su rostro.
-          Lo siento mucho… no toleró la anestesia… tenía demasiada edad… pero ustedes ya sabían que era riesgoso…  Lo siento… -
La mujer estalló en un llanto contenido. Un hombre se acercó y la abrazó consolándola.
-          Se hizo lo que se pudo ¿me comprende? –
-          Si…si… Gracias doctor… -
Cerró la puerta. Volvió al vestuario. Se quitó la ropa que arrojó en un rincón y cansinamente se fue por una puerta lateral a los consultorios donde se agolpaban una cantidad incontable de pacientes. En el camino se cruzó con un visitador médico. – Hola Doc… tenemos un producto nuevo…- - Bueno, después me lo presentás, ahora tengo un bolonqui espantoso - - Genial… Ah, no se olvide… el domingo tenemos partido ¿Eh? Visitadores contra médicos… le vamos a hacer cinco… ja, ja, ja - - Ya vamos a ver… ¡Che! ¿Quién hace el asado? - - El gordo Giménez, el anestesista - - Buenísimo… Yo llevo un vinito que me regaló un paciente… -
Entro al consultorio. Se colocó un guardapolvo que estaba esperandolo en el perchero. Se colgó el estetoscopio alrededor del cuello, abrió la puerta y con su mejor sonrisa exclamó:
-          ¡Señor Almirón! -



domingo, 3 de mayo de 2015

DIA DE LA MADRE - ORIGEN

El Día de la Madre o Día de las Madres es una festividad que se celebra en honor a las madres en todo el mundo, en diferentes fechas del año según el país. Su origen contemporáneo se remitiría al Mother's Friendship Day y las reuniones Mother's Day Meetings organizadas en 1865 o 1868 por Ann María Jarvis Reeves , en que las madres se reunían para intercambiar opiniones sobre distintos temas de actualidad.

Historia  

Las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidon y Hades.
Igualmente los romanos llamaron a esta celebración Hilaria cuando la adquirieron de los griegos. Se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se realizaban ofrendas.
Los católicos transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María, la madre de Jesús. En el santoral católico el 8 de diciembre se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, fecha que los católicos adoptaron para la celebración del Día de la Madre.
En Inglaterra hacia el siglo XVII, tenía lugar un acontecimiento similar, también relacionado con la Virgen, que se denominaba Domingo de las Madres. Los niños concurrían a misa y regresaban a sus hogares con regalos para sus progenitoras. Además, como muchas personas trabajaban para gente acaudalada y no tenían la oportunidad de estar en sus hogares, ese Domingo se le daba el día libre para visitar a sus familias.
En 1870 la poetisa y activista Julia Ward Howe escribió la Proclama del Día de la Madre, un apasionado llamado a la paz y al desarme. Durante un par de años, Ward Howe empeñó sus esfuerzos en llevar a cabo un congreso de esta naturaleza.
De todos modos, en 1873, mujeres en 18 ciudades estadounidenses realizaron una reunión del Día de la Madre. Boston lo siguió celebrando durante al menos una década más. Al paso de los años, se fueron apagando más festejos. Howe continuó trabajando por otras vías por los derechos de las mujeres y por la paz. El 12 de mayo de 1907 Ana jarvis dos años después de la muerte de su madre, quiso conmemorar el fallecimiento y organizó un Día de la Madre para hacerlo. A partir de entonces encabezó una activa campaña que fue extendiéndose a todo el territorio de los Estados Unidos.
Finalmente, siete años después el presidente Woodrow Wilson declaró en el año 1914, el Día de la Madre como el segundo domingo de mayo en Estados Unidos. Así fue gestado el día internacional de la madre que después fue encontrando eco en otros países que lo adoptaron hasta tenerse la celebración conocida en la actualidad.
Por su parte, en Argentina y Brasil el Día de la Madre se festeja el tercer domingo de octubre.

Fuente: Wikipedia